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  • Edición impresa de Julio 17, 2012Edición impresa de Agosto 7, 2012

El debate sobre la venta de armas de fuego

No creo que los padres de la patria tuvieran la intención de promulgar la Segunda Enmienda a la Constitución con el propósito de que los habitantes del país pudieran adquirir, como si fuesen caramelos, los sofisticados rifles de asalto del Siglo 21 con los que se cometen espantosas masacres como la reciente de Aurora, en Colorado.

La Segunda Enmienda fue propuesta en 1789 durante el Primer Congreso, reunido en Nueva York, y proclamada en el 15 de diciembre de 1791, en el Segundo Congreso, que tuvo como sede a Filadelfia. Para ese tiempo, el país comenzaba a vivir la paz, después de haber experimentado una cruenta guerra de independencia, que duró ocho años, entre 1775 y 1783, en la que los revolucionarios de las primeras 13 colonias derrotaron al Imperio Británico.

El alzamiento contra los ingleses había sido protagonizado primordialmente por milicias de campesinos, que antes y después de las hostilidades, utilizaban sus armas de fuego para cazar animales para su sustento y defenderse de las bestias salvajes. Las armas de fuego que se usaban en la época eran mosquetes que se alimentaban con cargas de pólvora, con las que solo se podía hacer un disparo a la vez.

El concepto de que el pueblo tuviera armas de fuego tenía un razonamiento de parte de los padres de la patria: que en cualquier momento los ingleses podrían regresar a recuperar el territorio. Y esa premonición se hizo realidad en 1812, en un conflicto que duró dos años, en el que los británicos redujeron a cenizas a Washington, la recién estrenada capital estadounidense.

Pero ningún padre de la patria vio funcionar un rifle de asalto como el AR 15, uno de los dos que portó James Holmes al teatro Century de Aurora, con capacidad de hacer 60 disparos por minuto.

De acuerdo con el diario Philadelphia Daily News, el país ha vivido desde 2007, por lo menos 20 matanzas significativas con armas de fuego. Apenas el 30 de junio, un individuo hizo disparos contra un café en el distrito universitario de Seattle, en el estado de Washington, asesinando a 5 personas. El 8 de enero de 2011, en un centro comercial de Tucson, en Arizona, un hombre provocó la muerte de 6 personas y lesiones a 13, entre ellas a la excongresista Gabrielle Giffords. El 16 de abril de 2007, un estudiante abrió fuego en la Universidad de Virginia Tech, en Blacksburg, matando a 32 personas e hiriendo a 17.

La masacre cometida en el estreno de media noche de la trilogía de Batman es inexplicable. La realizó James Holmes, un pichón de genio, que se parecía más a Sheldon, el inofensivo personaje de la serie de televisión The Big Bang Theory, que al multiasesino real.

Tras los sucesos de Aurora, queda sobre el tapete el debate sobre la facilidad de adquisición de las armas de fuego.

Yo no digo que no sean necesarias, si uno tiene que proteger la vida ante la amenaza de un criminal bruto, pero las masacres ponen en tela de juicio su utilidad real. Los legisladores tienen que empezar a perderle miedo a la Asociación Nacional del Rifle y reglamentar la portación con sensatez.

Por fortuna, las leyes prohíben que los indocumentados adquieran y posean armas de fuego.

 


 

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