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  • Edición impresa de Agosto 19, 2014

EE.UU. envió a jóvenes latinos a Cuba a montar complot

Un programa del gobierno de Barack Obama envió en secreto a jóvenes latinoamericanos a Cuba usando como fachada la creación de programas cívicos y de prevención de salud con el fin de provocar un cambio político en la isla, en una operación clandestina que puso a los extranjeros en peligro en momentos que un contratista estadounidense había sido arrestado en la nación comunista.

 Por lo menos desde principios de octubre de 2009 un proyecto supervisado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) envió a jóvenes venezolanos, costarricenses y peruanos a Cuba con la esperanza de que incitaran, en secreto, una rebelión. Los jóvenes trabajaron encubriendo para quién lo hacían, y viajaron alrededor de la isla buscando personas para reclutar y convertir en activistas políticos.

 En uno de los casos, los trabajadores montaron un taller de prevención del VIH que fue «la excusa perfecta» para reclutar nuevos líderes.

 Pero sus esfuerzos estuvieron signados por la incompetencia y lo riesgoso de su misión, según descubrió una investigación de The Associated Press: las autoridades cubanas cuestionaron quién realmente estaba financiando la operación y los jóvenes extranjeros estuvieron a punto de arruinar su cometido de «identificar a potenciales actores capaces de provocar un cambio social».

 En total, cerca de una docena de latinoamericanos trabajaron para el proyecto en Cuba por un salario que pagaba, al valor más bajo, 5.41 dólares la hora.

 La AP descubrió que USAID y su contratista, la empresa Creative Associates International, continuó ejecutando el programa pese a que los funcionarios de la entidad del Gobierno le dijeron, en privado a otros contratistas, que debían considerar la suspensión de viajes a Cuba tras la detención del estadounidense Alan Gross, que permanece encarcelado después de que tratara de meter al país tecnología avanzada de comunicaciones.

 El programa de jóvenes viajeros entró en operación cuando la Administración de Barack Obama, que recién iniciaba sus funciones, estaba hablando de un «nuevo comienzo» con Cuba tras décadas de desconfianza, lo que plantea interrogantes sobre si Washington tiene una política coherente para con la isla.

 La investigación de la AP concluyó que el programa de jóvenes viajeros acudió a medidas extremas para ocultar las actividades de los trabajadores.

Para evadir a las autoridades cubanas, los organizadores del programa hicieron que los jóvenes viajeros instalaran contenido, de apariencia inofensivo, en sus computadoras portátiles para ocultar el hecho de que estaban llevando información sensible. También usaron unidades de memoria, que tenían códigos de encriptación, para ocultar sus archivos y enviaron mensajes de correo electrónico encriptados usando un sistema que podría haber generado sospechas.

 En Cuba trabajar con programas de computación desarrollados por democracias extranjeras es ilegal. Sin embargo, uno de los contratos fue firmado días después de la captura del contratista Alan Gross.

 La exsecretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, quien estuvo en dicho cargo cuando se ejecutó este programa, dijo en su nuevo libro «Hard Choices» (Decisiones Difíciles) que «estaba contenta... de ver que los cambios llegaban poco a poco al país (Cuba)».

 


 

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