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  • Edición impresa de Agosto 18, 2015

infantil0815bJuan sin miedo

Había una vez un padre que tenía dos hijos, el mayor de los dos era listo y prudente, y podía hacer cualquier cosa. Pero el joven, no tenía interés en aprender ni entender nada, cuando la gente lo veía pasar decían:

- Este chico dará problemas a su padre. -

Cuando había que hacer algo, era siempre el hermano mayor el que tenía que hacerlo, pero si su padre le mandaba a traer algo cuando era tarde o en mitad de la noche y el camino le conducía a través del cementerio o algún otro sombrío lugar, contestaba:

- ¡Oh no padre!, no iré, me causa pavor. - Ya que tenía miedo.

Cuando se contaban historias alrededor del fuego que ponían la carne de gallina, los oyentes algunas veces decían:

- ¡Me da miedo! -

El chico se sentaba en una esquina y escuchaba como los demás, pero no podía imaginar lo que era tener miedo:

- Siempre dicen: “Me da miedo” o “Me causa pavor”. - pensaba -Esa debe ser una habilidad que no comprendo. -

Ocurrió que el padre le dijo un día al muchacho:

- Escúchame con atención, te estás haciendo grande y fuerte, debes aprender algo que te permita ganarte el pan. -

- Bien padre, - respondió el joven - la verdad es que hay algo que quiero aprender, si se puede enseñar. Me gustaría aprender a tener miedo, no entiendo del todo lo que es eso.-

El hermano mayor sonrió al escuchar aquello y pensó: “Dios santo, que cabeza de adoquín es este hermano mío. No quiere aprender nada.

El padre suspiró y le respondió: - pronto aprenderás a tener miedo, pero no vivirás de eso.-

Poco después el sacristán fue a la casa de visita y el padre le expuso el problema con su hijo menor.

- Si eso es todo. - respondió el sacristán - puede aprenderlo conmigo. Mándamelo y lo despabilaré pronto-

El padre estaba contento de enviar a su hijo con el sacristán porque pensaba que aquello serviría para entrenar al chico. Entonces el sacristán tomó al chico bajo su tutela en su casa y tenía que hacer sonar la campana de la iglesia. A los dos días el sacristán lo despertó a media noche y lo hizo levantarse para ir a la torre de la iglesia y tocar la campana.

“Pronto aprenderás lo que es tener miedo” pensaba el sacristán y sin que el chico se diese cuenta, se le adelantó y subió a la torre. Cuando el chico estaba en lo alto de la torre y se dio la vuelta para coger la cuerda de la campana vio una figura blanca de pie en las escaleras al otro lado del pozo de la torre.

- ¿Quién está ahí?- gritó el chico, pero la figura no respondió ni se movió.

- Responde, - gritó el chico - o vete. No se te ha perdido nada aquí por la noche. -

El sacristán, sin embargo, continuó de pie inmóvil para que el chico pensara que era un fantasma. El chico gritó por segunda vez:

- ¿Qué haces aquí?. Di si eres honrado o de lo contrario te tiraré por las escaleras.-

El sacristán pensó que era un farol, así que no hizo ningún ruido y permaneció quieto como una estatua de piedra. Entonces el chico le avisó por tercera vez y como no sirvió de nada, se lanzó contra él y empujó al fantasma escaleras abajo. El “fantasma” rodó diez escalones y se quedó tirado en una esquina. Entonces el chico hizo sonar la campana, se fue a casa, y sin decir una palabra se fue a la cama y se durmió. La esposa del sacristán estuvo esperando a su marido un buen rato, pero no regresó. Al rato se inquietó y despertó al chico. Le preguntó:

-¿Sabes donde está mi marido? Subió a la torre antes que tú. -

- No lo sé. - respondió el chico - Pero alguien estaba de pie al otro lado del pozo de la torre, y como no me respondía ni se iba, lo tomé por un ladrón y lo tiré por las escaleras.

La mujer salió corriendo y encontró a su marido quejándose en la esquina con una pierna rota. Lo llevó abajo y luego llorando se apresuró a ver al padre del chico.

- Tu hijo, - gritaba ella - ha sido el causante de un desastre. Ha tirado a mi marido por las escaleras de forma que se ha roto una pierna.

El padre estaba aterrado y corrió a regañar al muchacho: -¿Qué broma es esta?

- Padre, - respondió - escúchame. Soy inocente. Él estaba allí de pie en mitad de la noche como si fuese a hacer algo malo. No sabía quien era y le dije que hablara o se fuera tres veces. -

-¡Ah!- dijo el padre - sólo me traes disgustos.-

- Sí padre, entonces partiré para aprender lo que es tener miedo, y entonces aprenderé un oficio que me permita mantenerme. -

- Aprende lo que quieras, - dijo el padre - me da igual. Aquí tienes cincuenta monedas para ti. Cógelas y vete por el mundo entero. -

- Si, padre, se hará como deseas. Si no quieres nada más que eso, puedo recordarlo fácilmente. -

Así que al amanecer, el chico se metió las cincuenta monedas en el bolsillo y se alejó por el camino principal diciéndose continuamente: - Si pudiera tener miedo, si supiera lo que es temer...

Después de un tiempo…

El posadero lo escuchó y riendo dijo: - si eso es lo que quiere puede que aquí encuentre una buena oportunidad. -…no lejos de allí se levantaba un castillo encantado donde cualquiera podría aprender con facilidad lo que es tener miedo, si podía permanecer allí durante tres noches. El rey había prometido que cualquiera que lo consiguiese tendría la mano de su hija que era la mujer más hermosa sobra la que había brillado el Sol.

A la mañana siguiente el joven fue a ver al rey y le dijo: - Si se me permite, desearía pasar tres noches en el castillo encantado. -

El rey le observó y como el joven le agradaba le dijo que sí podía ir…

Cuando el joven volvió el rey le preguntó - ¿Entonces no has tenido miedo?

-¿Qué?- dijo - Si me lo he pasado estupendamente. He hecho de todo menos saber lo que es tener miedo. -

Así el joven pasó pruebas hasta que salvó al castillo de un gran peligro y…

- Entonces, - dijo el rey - has salvado el castillo y te casarás con mi hija. -

- Todo eso está muy bien, - dijo el joven - pero sigo sin saber lo que es tener miedo.-

Se repartió el oro y se celebró la boda. Pero por mucho que quisiese a su esposa y por muy feliz que fuese el joven rey siempre decía: - si pudiera tener miedo, si pudiera tener miedo... -

Eso acabó por enfadar a su esposa: “Encontraré una cura, aprenderá a tener miedo.”

Fue al río que atravesaba el jardín y se trajo un cubo lleno de peces. Por la noche, cuando el joven rey estaba dormido, su esposa le quitó las sábanas y le vació encima el cubo lleno de agua fría con los peces, de manera que los pececitos se pusieron a dar saltos sobre él. Él se despertó y gritó: - ¡Qué susto! , Ahora sé lo que es tener miedo. -

 


 

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