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  • Edición impresa de Agosto 18, 2015

Por primera vez, exilio cubano de Miami abandona su dura política contra la Isla

El exilio cubano de Miami está experimentando un profundo cambio. Ya no se trata de un bloque monolítico en el que todos comparten aplicar una política de mano dura contra el régimen de Raúl Castro, como si la Guerra Fría todavía estuviera vigente. Con el paso del tiempo, la influencia del primer exilio, el que llegó a Estados Unidos tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro, está decayendo, entre otras razones por una cuestión biológica. Cada vez quedan menos disidentes que llegaron a Miami en los años sesenta del siglo pasado, el más ideologizado. Entre las generaciones que arribaron a Estados Unidos posteriormente las cosas se ven de otra manera. “Los tiempos están cambiando y habrá que esperar para ver si las cosas van a mejorar para el pueblo cubano con la nueva política de Obama”, afirma Maribel Suárez, una cubana que llegó a Miami hace 22 años, que se declara visceralmente “anticomunista” y que se dedica a la distribución de alimentos.

Prueba de que los tiempos están cambiando es la concentración que se produjo en el restaurante Versalles de Miami en el mismo momento en que el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, participaba en la reapertura de la embajada en La Habana. Sólo un reducido grupo de exiliados protestaba contra el giro de la política exterior de Barack Obama.

Fausto Hernández, que lleva tres años en Miami, manifiesta cierta decepción por la escasa participación. “El problema es que la disidencia está muy dividida, ya no hay cohesión”, afirma y reconoce que Obama “tiene todo el derecho del mundo para hacer la política que quiera”. En su opinión, no obstante, el nuevo rumbo que ha marcado el presidente estadounidense para poner fin a más de medio siglo de hostilidades es equivocado. “No se da cuenta de que se está distanciando del pueblo cubano”, añade.

Por su parte, Ric Herrero, máximo responsable de Cuba Now, una organización que busca desde hace tiempo el estrechamiento entre los dos países, ve el asunto de una forma diametralmente opuesta. “La reapertura de embajadas señala el comienzo de una era esperada de compromiso entre nuestras naciones. Sólo el pueblo cubano puede construir un futuro mejor para sí mismo, y por primera vez en cinco décadas, EE UU está en buena posición para desempeñar un papel constructivo en ese proceso”, sostiene.

Además, Herrero agrega que “este proceso requerirá la dedicación continua de estadounidenses y cubanos para garantizar que esta nueva relación se convierta en una relación verdaderamente próspera. También exigirá una gran voluntad política de ambos gobiernos para acabar de una vez con las políticas restrictivas que frenan al progreso del pueblo cubano y perjudican a los intereses estadounidenses”.

 

 


 

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