"El Faro": Gracias por Ayudar a Otros

Por Humberto H. Hernández

Los hispanos tenemos nuestras historias, las cuales contamos con mucha intensidad a quienes desean escucharnos: La familia que dejamos atrás, nuestra idea original para aventurarnos a ir a lugares lejanos, el camino y sus turbulencias, lo rudo del nuevo mundo desconocido, la novedad en la gente que encontramos, sus costumbres, horarios, instituciones, comidas, idioma, etc. etc.

Ocasionalmente usted encontrará personas que orgullosamente dicen “Nadie me ayudó en nada. Todo me ha salido bien desde el principio, sin necesidad de nadie.”

No obstante, el caso es diferente con la mayoría de nosotros. Siempre llegó a nosotros alguna persona bondadosa que nos orientó y nos “dio la mano” cuando más lo necesitamos. Y quizás ahora mismo hay varias manos que nos sostienen. La realidad es que nos necesitamos mutuamente.

El Faro, Inc., de Elkhart, con sus voluntarios, es una de esas instituciones que se adelantó a la llegada de muchas personas. Sus directivos anticiparon que habrían y habrán de llegar muchas personas que desconocen el idioma inglés, que llegarían con fondos insuficientes para solventar una necesidad urgente, y entonces se integraron, intentando ser “Una Luz en la Tormenta.”

Desde entonces El Faro ha estado ofreciendo clases de inglés prácticamente gratuitas; ha llevando a las personas a su clínica sirviéndoles de intérprete; ha provisto paquetes de ropa gratuitamente a personas en situaciones de emergencia; ha provisto paquetes de víveres a familias que no tienen qué comer esa tarde. El Faro promete seguirlo haciendo, para suavizar la transición de nuestros congéneres que buscan una mejor estabilidad.

Cuando las personas no han tenido quién las acompañe a sacar su licencia de manejar, allí hemos estado. Mas recientemente, ahora, estamos ofreciendo clases de castellano a empresarios y personas que se interesan en comunicarse con nuestra gente, en nuestro idioma.

Las oportunidades no se acaban. Todavía hay muchas personas que necesitan una mano amiga en sus luchas. La Biblia enseña que los hijos de Dios deben procurar ayuda a los extranjeros “porque ustedes también fueron extranjeros,” indica. Y ese es nuestro privilegio.

Pues bien, usted no necesita ser cristiano ni necesita ser de El Faro para prestar ayuda. Si conoce a alguna persona que está pasando por una necesidad urgente, tiéndale la mano sin esperar nada a cambio. Si sabe más inglés que otros, acérquese a ellos y ofrézcales su ayuda. Un buen ejemplo es una dama, de nombre Lourdes, que en su fábrica se rodea de sus compañeras de trabajo durante el almuerzo y repasan algunas expresiones que les ayuda a hacer mejor su trabajo y establecer mejores relaciones con quienes no hablan castellano. Involúcrese. Incluso puede despojarse de algunos dólares canalizados a través de El Faro, para que continúe su actividad filantrópica.