Podría perfectamente suprimirte de mi vida,

no contestar tus llamadas,

no abrirte la puerta de la casa,

no pensarte, no desearte,

no buscarte en ningun lugar comun y no volver a verte,

circular por las calles por donde se que no pasas,

eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,

cada recuerdo de tu recuerdo,

olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,

responder con evasivas cuando me pregunten por ti,

y hacer como si no hubieras existido nunca.

Pero te amo.

 

Tu voz por el teléfono tan cerca y nosotros tan distantes,

tu voz, amor, al otro lado de la linea y yo

aquí solo, sin ti, al otro lado de la luna,

tu voz por teléfono tan cerca,

apaciguándome, ya tan lejos tu de mí, tan lejos

tu voz que repasa las tareas conjuntas:

"debemos empezar una cosa y luego la otra sin terminar ninguna",

o que menciona un número mágico,

que por encima de la alharaca del mundo me

habla para decir en lenguaje cifrado que me amas.

 

Tu voz aquí, a lo lejos, que le da sentido a todo,

tu voz que es la música de mi alma,

tu voz, sonido del agua, conjuro,

encantamiento.

 

Algún día te escribiré un poema que no

mencione el aire ni la noche;

un poema que omita los nombres de las flores,

que no tenga jazmines o magnolias.

 

Algún día te escribiré un poema sin pájaros,

sin fuentes, un poema que eluda el mar

y que no mire a las estrellas.

 

Algún día te escribiré un poema que se limite

a pasar los dedos por tu piel

y que convierta en palabras tu mirada.

Sin comparaciones, sin metáforas,

algún día escribiré un poema que huela a ti,

un poema con el ritmo de tus pulsaciones,

con la intensidad estrujada de tu abrazo.

Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

 

Darìo Jaramillo Agudelo (colombiano)