El llamado

Me llaman desde allá…

larga voz de hoja seca,

mano fugaz de nube

que en el aire de otoño se dispersa.

Por arriba el llamado

tira de mí con tenue hilo de estrella,

abajo, el agua en tránsito,

con sollozo de espuma entre la niebla.

A tiempo oigo las voces

y descubro las señas.

 

Hoy recuerdo: es un día venturoso

de cielo despejado y clara tierra;

golondrinas erráticas

el calmo azul puntean.

Estoy frente a la mar en lontananza

Se va perdiendo el ala de una vela;

va yéndose, esfumándose,

y yo también me voy borrando en ella.

Y cuando al fin retorno

por un leve resquicio de conciencia

 

¡cuán lejos ya me encuentro de mí mismo!

¡qué mundo tan extraño me rodea!

 

Ahora, dormida junto a mí, reposa

Mi amor sobre la hierba.

el seno palpitante

sube y baja tranquilo en la marea

del ímpetu calmado que diluye

espectrales añiles en su ojera.

Miro esa dulce fábrica rendida,

cuerpo de trampa y presa

cuyo ritmo esencial como jugando

manufactura la caricia aérea,

el arrullo narcótico y el beso

- víspera ardiente de gozosa queja -

y me digo: ya todo ha terminado…

Mas de pronto, despierta,

y allá en el negro hondón de sus pupilas

que son un despedirse y una ausencia,

algo me invita a su remota margen

y dulcemente, sin querer, me lleva.

 

Me llaman desde allá…

mi nave aparejada esta dispuesta.

A su redor, en grumos de silencio,

sordamente coagula la tiniebla.

Un mar hueco, sin peces,

agua vacía y negra

sin vena de fulgor que la penetre

ni pisada de brisa que la mueva.

Fondo inmóvil de sombra,

límite gris de piedra…

¡Oh soledad, que a fuerza de andar sola

se siente de sí misma compañera!

 

Emisario solícito que vienes

con oculto mensaje hasta mi puerta,

sé lo que te propones

y no me engaña tu misión secreta;

me llaman desde allá,

pero el amor dormido aquí en la hierba

es bello todavía

y un júbilo de sol baña la tierra.

¡Déjame tu implacable poderío

una hora, un minuto más con ella!

 

Luis Palés Matos (puertorriqueño).