Lo que una Kermesse dice al corazón de los anglos

Por: Jimmer Prieto

El pasado domingo 7 de septiembre tuvimos la oportunidad de ver un retazo del alma de México en acción. Pocas veces se puede apreciar de cerca un desfile de costumbres y modos de ser tan propios de la gente mexicana y tenemos la tendencia a creer que ya no existen o que el tren de trabajo acelerado que se vive en este país los ha dejado atrás para siempre. Por fortuna todavía existen y ni el infatigable ritmo de trabajo ni el modus vivendi estadinense han logrado borrarlo del híbrido “blanquinegrindio” que todos llevamos dentro.

Me refiero a la Kermesse, organizada por un pequeño grupo de residentes de la ciudad de Goshen, y sazonada con el entusiasmo y espontáneo aporte de cientos de individuos y familias. La Kermesse comenzó un mes antes, cuando 7 familias se dieron a la “valiente” tarea de llamar a otros o visitarlos personalmente para invitarlos a participar, ya fuere preparando un platillo o aportando un ingrediente para que otros lo prepararan.

Una red de comunicación por la palabra se fue tejiendo como una telaraña de hilos invisibles que empezó por los familares, se extendió a las amistades, abarcó los negocios y alcanzó varias ciudades alrededor de Goshen. Esta es la forma peculiar en que funcionan los pueblos latinos, forma que a menudo sorprende a la comunidad anglosajona con la cual comparten la vida. Por entre la red aparecieron también, el grupo musical Los Ortega; el grupo Desafío, de Bremen; los Matlachines, el grupo folklórico de Elkhart y la Asociación cultural Santa Cruz, también de Elkhart; todos ofreciendo sus talentos en forma gratuita porque la causa valía la pena: Recoger fondos para ayudar a la clínica hispana, el Centro de Salud y Esperanza.

Por la misma red que funcionó igual hace casi diez años cuando la migración sacó de las fábricas y envió a México a más de 100 obreros, y la gente ofreció lo que tenía para apoyar a las familias desmembradas, varias iglesias se hicieron presentes y por supuesto, la Iglesia Católica de Goshen, la cual aportó el lugar y la infraestructura, y la de San Vicente, de Elkhart, que lució con una caseta donde se vendió rico mole. Por la misma red de hermandad los supermercados La Chiquita, El Palenque, Cuerámaro, Rosales, Los Galanes, Tres milpas y Gutiérrez también aportaron diferentes artículos solicitados. La minuciosa labor del comité organizador los fue enlazando a todos, a lo largo de un mes, de manera que ya para el domingo todo estaba listo, incluyendo la hermosa decoración hecha a mano y la presencia de residentes de Bolivia, Colombia y El Salvador, quienes ofrecieron la más deliciosa comida de su país respectivo.

Solo faltaba que el público respondiera con su asistencia al evento. Y el público respondió. Pudimos experimentar el apoyo solidario de anglos e hispanos por igual, pudimos ver las caras de orgullo en unos y la admi-ración, respeto y complacencia en otros, no solo por el espectáculo de entretenimiento sino por la comida y el ambiente de sana diversión que prevaleció por seis horas. Al final del día todos estábamos cansados pero contentos.

Qué agradable fue haber trabajado con ustedes. Durante un mes aprendí tanto que bien podría escribir un libro con los comentarios agudos, las ideas precisas, la creatividad para solucionar problemas, las bromas y hasta las preocupaciones muy reales. Los 3,500 dólares que se recogieron superaron las expectativas pero lo vivido durante ese mes produjo mucho más que eso.

La kermesse produjo el efecto de convencer a la comunidad de que la clínica es nuestra y debemos apoyarla porque sirve efectivamente a nuestra gente. Pero a un nivel más profundo, ha servido principalmente para dos cosas: La primera para recordar a la comunidad hispana el increíble potencial que posee, con el cual puede generar proyectos, producir cambios sustanciales en este país y hasta obrar en defensa propia, si llegara a presentarse la necesidad. Este potencial, que está latente, solo necesita una causa para liberarse con toda su fuerza.

La segunda es el efecto educativo sobre la comunidad anglo, cuyo concepto de la hispanidad se encuentra todavía en proceso de formación. Ellos observan con curiosidad nuestras costumbres y no siempre las entienden o pueden encontrar el lado positivo de ellas. Esta fiesta impecable, organizada enteramente por nuestra gente, levantará una conveniente ola de apertura y aceptación entre algunos y provocará en otros, preguntas directas al corazón, allí donde residen el prejuicio y la injusticia tanto como el amor y la esperanza. Dejemos que el tiempo siembre en ellos y en nosotros semillas tenaces de árboles frondosos donde puedan vivir en armonía aves de distinto plumaje.

Colombia, en una mesa atendida por la familia Paéz- León no podía faltar con las ricas empanadas colombianas, masato, papas chorreadas, chicharrón con arepa y postre de banano.

 

Bolivia se lució con sus tradicionales empanadas de queso y la venta de 'sonso' . Aquí vemos a Hilda , Sandra y Karen atendiendo a la mesa mientras 'Coqui' se entretiene atendiendo a Carlitos

 

Las damitas del Grupo folklórico de Elkhart, luciendo vistosos trajes interpretan una danza mexicana.

 

No solo la comida fue el deleite de todos, también las decoraciones hechas a mano por Ana María Mayorga y sus hijos, le dieron un toque de elegancia y alegría a los puestos de venta.

 

Veracruzanas, de la Asociación Cultural Santa Cruz fueron parte de una revista didáctica musical narrada por su director, Azael Mujica.

 

El sensacional grupo musical Los Ortega y sus compañeros, el grupo Desafio interpretaron música bailable para deleite de todos los asistentes. Su generosa colaboración animó la tarde de la Kermesse.