Embajadores de la sonrisa

Por Laura Blanco

La Caravana de la Risa, ése es el nombre con el que la ONG Payasos sin Fronteras (PsF) ha llevado humor e imaginación a los niños y adultos de algunas de las zonas más conflictivas de Palestina. El propósito de este viaje, según explica la propia organización, es “ayudar a afrontar la violencia, el miedo y la depresión en la que viven”.

Allá donde hay un conflicto, los niños son siempre las principales víctimas. La infancia palestina no es ajena a ello. El grupo de Payasos sin Fronteras, compuesto por el actor y cineasta Mikio Tsunewaka, el payaso Juan Toro y un terapeuta profesional, realizó una veintena de funciones por todo el territorio en conflicto, superando el número de funciones de cualquier misión anterior de PsF.

“La risa posibilita el reequilibrio psicológico colectivo de poblaciones refugiadas, desplazadas, retornadas o crónicamente excluidas. Además, la risa sirve de mecanismo para la recuperación de valores constructivos y creativos como la tolerancia, la diversidad, la participación comunitaria, desde una perspectiva de género, y la paz”, afirma la ONG cuando expone sus líneas de intervención.

Otro de los puntos clave de su actuación es el apoyo psico-social. A través de la risa, que sirve como desbloqueo emocional para los niños, las misiones de PsF desarrollan talleres que tienen como fin paliar el efecto nocivo de la inactividad. Al mismo tiempo, se les proporcionan nuevas habilidades sociales, a menudo perjudicadas o destruidas por el conflicto, que les ayudan en su inserción social.

“Lo que más me impresiona es este Muro de la Vergüenza. Es enorme, feo y terrible. No se lo pueden imaginar. De pronto de la nada aparece un murallón infame y gigante que corta un barrio cualquiera separando a familias y vecinos”, escribe el jefe de la misión, Mikio Tsunewaka. A su regreso, el cineasta chileno está preparando un documental para dar testimonio de lo que sucede en los territorios ocupados.

Desde sus comienzos en 1993, Payasos sin Fronteras ha desarrollado proyectos similares en muchos otros lugares en conflicto, centrándose en tres áreas principales: Balcanes, Centroamérica y Sáhara.

A pesar todo, Mikio Tsunewaka afirma en su bitácora virtual que “siempre queda la satisfacción de poder haber llegado a cientos de niños y hacerlos reír durante al menos una hora, en la cual pudieron volver a ser lo que realmente son... niños”.