Parece como si la naturaleza estuviera enfurecida y se hubiera movido en formas que la gente no esperaba. Las fuertes e intensas tormentas y huracanes que han asolado el Caribe, México y Estados unidos, nos hacen caer en cuenta lo frágiles que somos al enfrentarnos a la naturaleza.

En lugares como Granada, donde el huracán Iván destruyó el noventa por ciento de la vivienda nos hacen pensar que no importa lo fuertes que nos creamos, todo puede desaparecer en cuestión de minutos. Va a ser muy difícil para la gente de Granada, probablmente sin seguros y sin muchos recursos poder reconstruir sus alrededores.

Jamaica no solo fue golpeada, sino que se perdieron vidas, así como en Cuba, donde la vivienda en Punta Gorda quedó arrasada por completo. Y mientras Iván continuaba vandalizando y destruyendo las islas, golpeó de paso a Cancún, México e incrementó su fuerza para golpear las costas de los Estados Unidos.

Mientras eso ocurría la tormenta Keanne arremetió duramente contra República Dominicana y Puerto Rico, y se dirigía hacia Estados Unidos. Los estados costeros de Luisiana, Alabama y Florida recibieron los fuertes vientos y lluvias de Iván, así como los tornados resultantes de sus vientos que destruyeron muchos lugaes en Florida. Los fuertes vientos llegaron hasta lugares aún más lejos, como Tennessee, Carolina del Norte y Pensilvania.

Dos tormentas más están creciendo en el Atlántico y prometen seguir la misma ruta de Iván.

La fuerza de la naturaleza ha sido la misma en todos lus lugares sin importar cual sea el pensamiento político o religioso de sus pobladores. Cada persona en el camino de las tormentas ha sentido el miedo y la impotencia ante los hechos. No ha habido ejército alguno que pueda protegerlos.

La reconstrucción será casi imposible para aquellos que viven fuera de Estados Unidos, ya que no tienen los recursos físicos para volver a construir. La tragedia comienza y continúa para muchos de ellos. La vida ha sido dura, y no hay mucho de nada. La comida es escasa, los trabajos no se encuentran y están con las manos vacías.

Cuánto se necesita para vivir? Cuánto gastamos cada día a fin de acumular cosas? Cuántas veces hemos visto a personas perder todo por un acto de la naturaleza, la guerra o algún evento trágico? Y los sobrevivientes comienzan de nuevo y vuelven a enfocarse en los mismos patrones de conducta. Cómo podemos compartir en momentos así?

Muchas preguntas pasan por mi mente, al ver las caras de desesperación de aquellos que han perdido parte de sus vidas en los recientes sucesos.