Sin derecho a voto en las elecciones del Imperio

Por: Xavier Caño

¿Qué pasa con ese liderazgo antiterrorista del que Bush y su partido presumen? ¿Es el mundo más seguro según ha proclamado la Convención Republicana desde la invasión de Irak? La relación de acciones terroristas recientes con las que se inicia este escrito muestra una vulnerabilidad como no había habido en nuestros tiempos. El mundo es más inseguro desde que Bush inició su interesada cruzada contra el terrorismo. La guerra de Irak marcó en la retórica de Bush una cima en esa cruzada porque, como ha revelado el ex coordinador de la lucha antiterrorista de Bush, Richard Clarke, el presidente tenía necesidad de involucrar a Sadam en los atentados del 11-S. Poco importa que nada relacionara a Sadam con esas monstruosas agresiones.

“La liberación de Irak es un avance crucial en la campaña contra el terror”, dice Bush y añade “nuestra nación tiene una misión: responder a las amenazas contra la seguridad y defender la paz”.

¿De qué seguridad habla? ¿De qué paz?

Dos aviones rusos estallan y mueren más de noventa personas. Una terrorista suicida hace estallar un coche bomba en Moscú y causa diez muertos. Un grupo terrorista secuestra más de trescientas personas ­muchos niños y adolescentes­ en una escuela de Osetia. Dieciséis personas mueren en dos autobuses por dos terroristas suicidas en la ciudad israelí de Beer Sheva. Un grupo islamista extremista decapita a doce nepalíes, trabajadores de la construcción en Irak.

Irak atrae hoy a terroristas de todo el mundo árabe como la miel a las moscas, en Israel, en España, en Filipinas, en Rusia... los terroristas siembran la angustia y la muerte. Como ha editorializado recientemente El País, uno de los diarios europeos de más difusión y prestigio, “Bush dista mucho de estar ganando la guerra contra el terrorismo, como él mantiene, todo lo contrario”.

Sin duda, la invasión y ocupación de Irak, el apoyo incondicional a Putin, en su genocida política en Chechenia, y al letal Sharon, en el conflicto palestino-israelí, han dado nuevos motivos y alientos a los terroristas de origen islamista. Al contrario de lo proclamado, una torpe y depredadora (de derechos humanos) política antiterrorista ha dado alas al terrorismo y ha conseguido que se multiplique su actividad.

La gravedad del terrorismo convierte las elecciones presidenciales en algo de todos, no sólo de los estadounidenses. Estamos con el pensador y sociólogo Jünger Habermas cuando dice que “un acto terrorista, sean cuales fueren sus móviles y la situación en que se ha cometido, no puede ser excusado de ninguna manera”, lo que significa que nada ni nadie, ninguna causa, ningún ideal, ningún objetivo, ningún credo justifican la muerte de seres humanos. El terrorismo pende sobre nuestras cabezas. Un problema terrible que no podemos dejar en manos de cualquiera. Bush, por ejemplo, por mucho que presuma de ser más “macho” que nadie. Lo malo es que los que no somos estadounidenses no podemos votar en las presidenciales, aunque el resultado nos afecte.