Hay otra Universidad

Por Alberto Senante

Hay otra Universidad. Cerca de nosotros. Así como hay otra forma de entender el mundo, de relacionarse con la naturaleza o de ver las cosas. Como hay otras formas de vivir y de soñar; otras formas de saludarse, de acoger y de compartir. Hay otro tipo de Universidad, con otro tipo de alumnos y de profesores, y otro tipo de cafeterías, de jardines, de encuentros. Incluso con otro tipo de bibliotecas, de horarios, de exámenes. Con otras formas de aprender, de ser y de sentir.

Hay otra Universidad. Una Universidad en la que las facultades sean sobre todo lugares de intercambios. Donde los profesores compartan sus conocimientos y los alumnos se empapen como esponjas. Una Universidad donde los estudiantes busquen aprender, enriquecerse, ensancharse; no un diploma para no conseguir trabajo. Un sistema que no invite a la mediocridad, a pasar un listón ­el mismo para todos­ e irse a casa; sino a imaginar y a superarse. Un sistema que, como un exprimidor, saque lo mejor de cada uno. Clases que despierten nuestro interés, en las que el alumno pueda divertirse, con tiempo para no tomar apuntes y pensar. Y que después haya discusiones en los pasillos. Temarios que planteen más preguntas que respuestas, más dudas que certezas. Una Universidad donde los exámenes no sean una tormenta de datos aprendidos unos días antes, en los que el alumno sale vacío; sino una prueba de comprensión, análisis y creatividad. Una Universidad en la que los departamentos no sean oscuros centros de conocimiento cerrado, sino campos abiertos a la especialización y al debate.

Hay otra Universidad. Se puede sentir. Una Universidad que va más allá de los conocimientos, puesto que organiza conciertos, teatros, viajes, encuentros. Una Universidad donde sea posible ser persona. En la que los profesores no son figuras inaccesibles, sino oportunidades, puertas abiertas, que abren ojos al mundo y se toman contigo un café. En la que las bibliografías no son un trabajo extra sino placeres por descubrir. Una Universidad en la que quizás se estudia menos, pero en la que se lee y se comprende más ¡Una Universidad en la que se lee! Con facultades donde se aprenden distintas lenguas y, sobre todo, distintos lenguajes a los que no estamos habituados. Donde las cafeterías son un hervidero de debates, de ideas, de proyectos. Facultades que son mucho más que sus clases: lugares para compartir inquietudes, ilusiones y risas. Sin clases en las que uno dicta y otros copian, sino en las que todos reflexionan y escuchan. Con jardines en los que se canta, se baila, se discute y se siente.

Hay otra Universidad, si creemos en ella. Una Universidad, donde se crea una verdadera elite cultural, no una continuación del instituto para jóvenes de buena familia. Una educación que amplíe fronteras, y si puede las borre; que dé una forma de ser, de sentir y de comportarse. Una nueva Universidad, fábrica de creadores y templo del conocimiento crítico. No una guardería de adultos. Hay otra Universidad, existe, está dentro de nosotros.