El petróleo no conduce a un verdadero desarrollo

Por Carlos Miguélez

Las potencias económicas y los medios de comunicación actúan como si nuestra vida dependiera del petróleo. La humanidad no puede necesitar de manera tan desesperada algo que amenaza nuestro medio ambiente y que ha sido un pretexto para querellas internacionales.

Un desarrollo sano, además de contar con un bienestar social, político y económico, debe respetar el entorno ambiental. Pero las instituciones financieras suelen medir el desarrollo de los países en términos de cuánto consumen.

Lo primero que hizo George W. Bush como presidente fue descalificar los protocolos de Kioto, que pretenden que los países con desarrollo industrial reduzcan de manera solidaria las emisiones de CO2 y así evitar el calentamiento de la Tierra.

Los aerosoles y las neveras producen CFC (Cloro-fluoro-carbonos) que perforan la capa de ozono, mientras la combustión de petróleo produce el llamado efecto invernadero.

Los países con recursos económicos y tecnología punta son quienes tienen la clave para evitar un caos ambiental. Cuentan con los mejores científicos de todo el mundo para llevar hasta sus últimas consecuencias las investigaciones sobre energías alternativas.

Es vergonzoso argumentar en contra de esas iniciativas por su costo, pues países como Alemania, España y Dinamarca son líderes en la producción de energía eólica y no cuentan con la riqueza de países como EU o China.

El éxito de las energías limpias en algunos países se ha dado porque sus gobiernos promueven reducciones fiscales para quienes invierten en ellas, además de facilitar préstamos con intereses bajos. También ayudarán al progreso en el campo energético iniciativas como el Wind Force 12. Esta busca que, para 2020, el 12% de la energía mundial sea de origen eólico.

No todos conocen el alcance que podría tener la energía solar; aunque requiere un desembolso inicial alto, es una inversión que no sólo se recupera a largo plazo, sino que en un futuro, producirá enormes ahorros y beneficios económicos. Desiertos como el Sáhara, El Gobi o los de Arabia y Asia Central podrían producir la energía necesaria para recuperar los espacios verdes suficientes y cambiar el ciclo de las lluvias. Y para que esa energía solar pudiera sustituir a la de los hidrocarburos.

Aunque nos hagan creer que dependemos del petróleo y aunque el panorama ambiental parezca sombrío, hay propuestas alternativas a nuestro alcance. Es necesario un esfuerzo global que comience en los gobiernos y cale al resto de la sociedad. Pues es algo que le afecta a la humanidad entera.