La Catrina

• México del Norte • Jorge Mújica Murias

La Catrina, calavera de la Lotería mexicana, se salió del tablero y anda recorriendo las costas del sur de Estados Unidos. Los gringos le llaman Katrina, y representa el segundo evento que marcará las derrotas de George W. Bush, junto con el ataque a las Torres Gemelas, el 11 de sep-tiembre.

En los dos eventos, George W. dejó ver su color. Durante el primero, se quedó leyendo cuentos infantiles mientras Estados Unidos sufría el mayor ataque en su territorio en toda la historia. En el segundo, la guadaña de la Catrina lo agarró de vacaciones en su rancho de Texas, donde ha pasado 366 días en sus cinco años de gobierno.

Dicen el gobierno de México que en el área segada por la huesuda “vivían y trabajaban hasta 145,000 mexicanos”. Según el censo de Cancillería, habría 3,200 mexicanos en los Condados de Hancock, Harson y Jackson, que requerirían ayuda.

Además del ejército, México mandó personal consular de Ohio, Houston y Atlanta a buscarlos y “brindarles la protección del gobierno mexicano”. Jacob Prado, consejero para Asuntos Hispanos de la Embajada de México en Washington, dice que de inmediato procedió “a la repatriación voluntaria de quienes decidieron regresar”, y mandó a “las instituciones públicas de asistencia a quienes decidieron permanecer”, obviamente la mayoría.

Según el vocero consular Ademir Holguín, 24 mexicanos afectados por Katrina en Nueva Orleáns, fueron enviados a México. “El consulado los ayudó a “desalojar el área”, vía Houston y de ahí a México”. Relaciones Exteriores informó que en total ha ayudado a 1,070 nacionales, ya sabe qué pasó con 441, ha repatriado a 31.

Y dicen que hay cuatro muertos, pero Tomas García, michoacano que apareció por las calles de Biloxi con su familia, dice que en su barrio los que decidieron quedarse murieron. Calcula que serían unos 20 mexicanos.

A los demás no los encuentran, según dicen los vecinos, porque se tardaron tanto que “los pusieron en bolsas para llevarlos a la morgue o a tráilers refrige rados”. Relaciones Exteriores pide ahora que al abrir las bolsas se reporte a los “connacionales”.

Los desaparecidos

Oficialmente, hay 76 mexicanos desaparecidos reportados por sus familiares. Las oficinas consulares los buscan en albergues, reparten volantes con un teléfono, y a veces reciben llamadas de mexicanos que les avisan de otros mexicanos que siguen en la zona.

En realidad faltan 143,500 mexicanos de aparecer. No están en los refugios, ni llaman a los consulados, ni agarran los boletos gratuitos que ofrece Aeroméxico porque son solo de ida para México, y menos los vio el ejército mexicano, a la mejor por la taruga declaración de un tal Vicente Fox, de que se acercaran “si querían ser repatriados”.

Per Tamm, representante de Save the Children para Latinoamérica y el Caribe, dice que “Muchos prefieren no pedir ayudar por temor a la deportación y porque no hablan inglés. No se acercan porque ven mucho movimiento de policías y temen ser deportados”.

Alega Fernando Gutiérrez pastor de la iglesia Lugar de Sanidad, que “Los que llegaron a pedir ayuda lo hicieron porque otros mexicanos los encontraron en las calles, en las gasolineras o en algunas tiendas de autoservicio”. En corto, la gente confía en la gente, no en las autoridades.

Y los desaparecidos no van a aparecer. Ya están en Los Ángeles, Chicago, Raleigh, porque fuera de limpiar escombros, en toda el área segada por La Catrina no hay chamba. Eso le quita el chiste. Los mexicanos no vinieron a disfrutar el clima, sino a talachar para mandar las remesas a la casa, y si no hay chamba, no hay mexicanos.

Según se dice, se perdieron por lo menos 400 mil empleos de hoteles, casinos, bares y restaurantes, normalmente atendidos por mexicanos, y en la pesca del camarón y recolección de ostión.

Los únicos “aparecidos” son Santos Cirino y sus cuates. “¿Si no lo hacemos nosotros, quién lo va a hacer?”, dicen. Les pagan 8 dólares la hora, 12 la hora extra, por respirar el aire irrespirable, el barro contaminado y exponerse a las infecciones.

“Nadie nos ha ayudado, ni antes ni después. Por lo menos a los negros los atendieron tarde, pero a nosotros ni nos ven. Parece que no existimos, ni para Fox, ni para Bush”, dice José Luís Rodríguez en un reportaje de Proceso.