• La Columna Vertebral •

¿El mes de la esperanza?

Por José López Zamorano

Con el mes de septiembre llegaron, una vez, más los homenajes y celebraciones de nuestra hispanidad, pero también lo que podría ser la última oportunidad de rescatar este año dos pilares de la reforma migratoria integral que se quedó estancada entre la tibieza y la cerrazón en el Congreso.

Se trata de la Dream Act, que regulariza a los estudiantes hijos de indocumentados y la AgJobs, que legaliza a 1.5 de millones de trabajadores agrícolas, la mayoría mexicanos. Estas iniciativas, que buscan ser resucitadas por un grupo de senadores, subrayan dos aspectos clave de nuestra crisis migratoria: su dimensión humana y su origen económico.

Es, sin duda, simbólico que sea el Mes de la Hispanidad el escenario de lo que debe ser un debate urgente no sólo de lo que significa ser latino, sino también de lo que implica ser “americano”, en su definición más amplia. O reconocemos nuestra diversidad como la base de nuestra fortaleza, o se convertirá en el embrión de nuestra debilidad.

Por eso se puede decir que en este mes están en juego mucho más que dos iniciativas de ley. Se juega, en realidad, la esencia de la experiencia americana. Porque si la pila de indocumentados muertos en el Desierto de Arizona o las miles de familias divididas por leyes migratorias incongruentes o la guerra de baja intensidad contra los indocumentados en cada vez más ciudades del país no son motivo de vergüenza nacional, cualquiera podría declarar mañana a Estados Unidos una república bananera.

Este verano la clase política tuvo una oportunidad inmejorable para resolver una crisis migratoria que, hay que reconocerlo, tiene un rostro abrumadoramente hispano. Pero los buenos deseos de los muchos se toparon contra la cerrazón de los pocos. Hoy Estados Unidos es más pequeño que ayer.

Por ello tenemos que insistir que a muchos nos gustaría ver que la conmemoración de esa Hispanidad, así con mayúscula, no solo ocurra como siempre, con floridos discursos, sino con actos visibles, no exclusivamente de quienes se presentan como la voz de los latinos, sino de todos los que creen y luchan por una causa justa, sea en África o donde sea.

No se trata de convertir a indocumentados como Elvira Arellano en héroes de mármol, sino de presentarlos como lo que son: personas de carne y hueso cuyo “crimen” fue cruzar la frontera en busca de un sueño. Porque denunciar la hipocresía social y la injusticia no puede ser exclusivamente un asunto de táctica política de ocasión, o de nacionalidades o del color de la piel. Debe ser un motivo de dignidad humana elemental.

Amigo lector de La Columna Vertebral, si necesita información de servicios en su comunidad llame a la Línea de Ayuda 1-800-473-3003.