• México del Norte •
Golfos y golfistas
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Por Jorge Mújica Murias

He de confesar que Estados Unidos no ha logrado asimilarme. De eso se quejan cantidad de gringos, de que los latinos, particularmente, seguimos siendo latinos aunque vivamos en un país supuestamente anglo (supuestamente, porque a los irlandeses y a otros montones de inmigrantes y sus descendientes no les hace gracia esta descripción). Mantenemos nuestras costumbres, nuestra religión, nuestro lenguaje y nuestros tacos.

Y yo así soy. Sigo tomando jarritos de tamarindo y comiendo tortas, y no me gusta el fútbol americano. Y tampoco me gusta el golf. Francamente, me parece más bien un evento de golfos, más que un deporte. La primera y única vez que leí algunas cosas de este deporte fue cuando el Tiger Woods empezó a ganar, y descubrimos que era hijo, nieto y primo de inmigrantes de varios países combinados entre sí.

Pero hace unos días volví a leer de golf.

Sucede que se estaban llevando a cabo las eliminatorias de uno de tantos campeonatos, uno de esos eventos en donde los ganadores se llevan millones de dólares por pegarle 100 veces a una pelotita y meterla en 18 agujeros. Son las eliminatorias de la Copa Federal Express, parte del Campeonato de la BMW, que antes era conocido como el Western Open, donde 40 competidores quedarán eliminados. El año pasado, Trevor Immelman le ganó por dos golpes a Tiger Woods, ganador de 1997, 1999 y 2003.

Se estaba jugando aquí a un lado de Chicago, en Lemont, y la final se jugará también aquí cada dos años, a partir de 2009, en el Cog Hill. El campo de golf mide más de 7,000 yardas, se supone que los jugadores deben cubrirlo en menos de 71 golpes, y el ganador se lleva 1,260,000 dólares, de un total de premios de 7 millones.

Los boletos de entrada cuestan 40 y 45 dólares, o 200 dólares por toda la semana, incluido el estacionamiento. Lo organiza la Western Golf Association, y el beneficiario es la Fundación Escolar Evans, que hasta la fecha ha otorgado más de 8,000 becas a jóvenes que trabajen de “caddy”, cargando los bastones de los golfistas durante el verano.

“Los cinturones no servían…”

Pero a una joven de 17 años relacionada con el campo de golf no le toca beca...

Murió el Día del Trabajo en Estados Unidos, cuando regresaba con su mamá del famoso campo de golf. Y ni era caddy ni había ido a ver la competencia, sino que se pasó el día con su mamá, quien trabajaba en Lemont. La camioneta en la que viajaban volcó varias veces, y la joven falleció en el accidente. Fernando Hernández, de 27 años, quien dejó viuda a su esposa y huérfano a su hijo en México, también murió en el accidente. Tenía visa de turista para Estados Unidos.

“No servían los cinturones de seguridad”, dicen varios de los 12 sobrevivientes del accidente acerca de la camioneta que al parecer era de una agencia de trabajadores temporales, pero “se la habían prestado a “Karina Salgado, de 27 años, que manejaba sin tener licencia ni permiso para vivir en Estados Unidos”, de acuerdo con la Policía estatal de Illinois.

Tal vez la camioneta misma no servía, según Delia Huerta, vocera de esta corporación. Pero por aquello de las dudas, los hechos son hechos, y los hechos no demuestran que la camioneta no funcionaba. Lo que sí demuestran es que la conductora del vehículo no tenía licencia y era indocumentada, así que rápida y responsablemente, la Policía de Illinois procedió a llamar a la Migra. El resultado son cuatro arrestados en total, encarcelados luego en el centro de detención de Broadview, en espera de su deportación.

Y como dicen por ahí, “muerto el perro se acabó la rabia”. Como es costumbre, la empresa de trabajadores temporales negará que la camioneta era de ellos y reforzará la idea de que “se la prestó” a alguien.

El campo de golf seguramente declarará que no tiene nada que ver con los trabajadores indocumentados. Dirá que eso es responsabilidad de un tercero, la agencia, y la agencia a la mejor le echa la culpa a Karina, que a la mejor los contrató por su parte.

Y el fin de semana, Tiger Woods y el tal Trevor Immelman estacionarán sus BMW en el estacionamiento del campo de golf (a la mejor le darán las llaves a un valet indocumentado), tendrán a su servicio a una caddy y le pegarán pa’ rriba y pa’ bajo a una pelotita blanca. No se acordarán de los muertos ni de los deportados, a menos… a menos que el pasto esté mal cortado, en cuyo caso, podría armarse un escándalo tremendo…