La credibilidad

de las ONG

Por Ignasi Carreras • Director del Instituto de Innovación Social de ESADE / CCS

Las ONG son las instituciones que gozan de mayor nivel de credibilidad: el 50% de los encuestados por un estudio en Europa confían en ellas, por delante de las entidades religiosas (45%), las empresas (36%), los medios de comunicación (28%) y los gobiernos (27%), según el octavo barómetro realizado entre 1,500 líderes de opinión de varios países. Se valora de manera muy positiva que las ONG trabajen por el bien común sin defender intereses particulares.

Pero, ¿qué duda cabe de que la credibilidad del conjunto de las ONG ha quedado afectada por los supuestos delitos de apropiación indebida atribuidos a los responsables de Intervida y Anesvad, ambos casos pendientes de decisión judicial? La trayectoria de cientos de ONG que realizan un trabajo de gran relevancia en el ámbito de la cooperación al desarrollo, la acción social, el medio ambiente o los derechos humanos ha quedado bajo sospecha a consecuencia de estas supuestas irregularidades.

Lo que se espera de un líder, y aun más de una ONG, es que sea honesto y que todas sus actuaciones se basen en los principios éticos que deben caracterizar los valores de toda ONG. También es necesario que inspire y entusiasme a voluntarios, técnicos y donantes sobre la causa social a desarrollar y que sea competente para alcanzar resultados satisfactorios según la misión de su organización.

Tanto Anesvad como Intervida han tenido graves deficiencias de liderazgo. Todo indica que sus líderes responden a lo que en la literatura sobre el tema se conoce como “síndrome del líder fuerte”: personas que acostumbran a ser carismáticas, pioneras de las causas que impulsan, emprendedoras y con una gran capacidad para conducir sus organizaciones durante largos períodos de tiempo. Asimismo, estos líderes fuertes suelen dominar sus organizaciones, tienen un estilo de liderazgo basado en las afinidades personales, toleran mal las críticas o propuestas diferentes de las suyas y no son transparentes ni rinden cuentas de su gestión. La característica más negativa, y poco frecuente, es el abuso de poder y la apropiación personal de los fines de la organización.

Ambas organizaciones también han sufrido otra grave carencia: el mal funcionamiento de su órgano de gobierno. Los patronatos estaban compuestos, durante el tiempo que está investigando la justicia, por personas de confianza de sus presidentes, que seguían sus indicaciones.

Estos casos son la excepción y no la norma. Además están generando una reacción en el conjunto del sector. Se están reforzando iniciativas para asegurar el buen gobierno de las ONG. Ha quedado claro que es prioritario mejorar el funcionamiento de sus órganos de gobierno, un punto débil del sector no lucrativo.