“Ike” deja daños e inundaciones en Texas y Luisiana.

El paso del huracán “Ike”, degradado a tormenta tropical, dejó inundaciones y daños serios en los estados de Texas y Luisiana y quizás algunas muertes, pero no revistió la gravedad que se temía.

El secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff indicó que se han recibido informes, sin confirmar por el momento, de algunas muertes.

Por su parte, el gobernador de Texas, Rick Perry, sostuvo que el peor de los casos posibles, lo que se anticipaba en algunas áreas, no llegó a producirse, pero añadió que el tendido eléctrico había sufrido graves daños.

“Ike” tocó tierra a las 2.10 horas locales (7.10 GMT) del día 13 de septiembre en la isla de Galveston, con unos vientos superiores a los 170 kilómetros por hora dejando a más de 2,6 millones de personas en Texas y Luisiana sin suministro de energía eléctrica y es posible que se tarden semanas en restablecerlo por completo.

El gobernador tejano explicó que las autoridades del estado han lanzado la operación de búsqueda y rescate “más amplia de la historia de Texas” para localizar y asistir a posibles víctimas del huracán. Además de la pérdida de electricidad, “Ike” ha dejado a su paso miles de viviendas inundadas, incendios y cristales arrancados de rascacielos. En Houston, la cuarta ciudad en tamaño de Estados Unidos, la mayoría de sus habitantes se encontraban sin electricidad y uno de los edificios símbolo de Houston, la torre Chase, la más alta de la ciudad con 75 pisos, había perdido innumerables cristales en sus ventanas.

Las rutas de entrada a los puertos en Galveston y Houston resultaron menos afectadas de lo esperado. También parecen haber quedado con relativamente pocos daños las refinerías que se concentran en el Golfo de México y que representan el 22 por ciento de la capacidad estadounidense. Los precios de la gasolina subieron a 4.85 dólares por galón ante el temor de que haya desabasto.

En Galveston, que según Perry, “se llevó lo peor” del impacto, la marea sólo subió algo más de cuatro metros, por debajo de las expectativas de siete metros que algunos meteorólogos habían temido.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha declarado Texas zona de desastre, lo que permite el desembolso de ayuda federal extra para las tareas de asistencia y reconstrucción tras el paso del ciclón, indicó la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.