Esta tarde ya sé que me quieres. Me lo dicen tus ojos dormidos, que el silencio es, en ciertas mujeres, una fronda cargada de nidos... Hay palabras que el alma retiene en tus ojos brumosos y vagos como el cielo de otoño que viene a morir en la paz de los lagos. Esta tarde tu amor me penetra como llanto de lluvia en negrura, o, más bien, ese ritmo sin letra que de un verso olvidado perdura. Y me torna profundo y sencillo como el oro de un sol tamizado que renueva, en las tardes, el brillo, del barniz de algún mueble apagado.
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