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  • Edición impresa de Septiembre 21, 2010

Aprendamos a manejar el enojo

Todos tenemos el derecho a sentir enojo, pero somos responsables de cómo lo manejamos. Desde el niño hasta el anciano, todos nos enojamos. Aunque el enojo es una emoción natural innata, las maneras en que lo expresamos son aprendidas. Aprendamos a manejar nuestro enojo, para así enseñarle a nuestros niños a manejar el suyo.

Las causas del enojo varían de persona a persona y de situación en situación. Las más comunes son el estrés, la frustración, el temor, los sentimientos heridos y la respuesta a la crítica y a la injusticia.

No siempre el enojo es algo negativo. Cuando nos enojamos, nuestros músculos se tensan, nuestro corazón bombea más rápido, y aumenta la presión sanguínea y los niveles de adrenalina. Esta reacción es una señal de que enfrentamos un problema o peligro. Nos ofrece energías y fuerzas para movilizarnos y puede motivarnos a persistir por lograr cambios positivos, y a defendernos en situaciones amenazantes.

El enojo es perjudicial cuando es intenso, frecuente, perdurable, o cuando lleva a la impulsividad o a la violencia. También es dañino cuando es ignorado o es expresado en forma inapropiada. El enojo ocasiona accidentes y causa o complica condiciones de salud. También nos conduce a tomar decisiones equivocadas al nublarnos el juicio. Puede conducir a la depresión y al sentimiento de baja auto estima por sentirnos fuera de control. Precipita problemas interpersonales, sobre todo si hay hostilidad y críticas. Acarrea también problemas laborales. Puede conducir a adicciones, violencia doméstica y abuso infantil.

Por todo esto, es necesario reconocer las señales del enojo y saber qué hacer en esos casos. Cuando sintamos las señales del enojo, intentemos:

Retirarnos de la situación, Contar mentalmente hasta diez, Respirar profundamente, Relajar nuestros músculos, Llorar, Cantar o escuchar música, Orar, Beber agua, tomar una ducha o un baño tibio, Practicar un pasatiempo o actividad física, Escribir una carta o notas en un diario, Perdonar.

En todos los casos, debemos siempre evitar ignorar nuestras emociones y mantener nuestro enojo embotellado: puede estallar de la peor forma. Tampoco debemos guardar rencores ni culpar a otros de nuestro enojo. Mucho menos debemos abusar de drogas o del alcohol ni manifestar nuestro enojo agresivamente.

No es fácil lidiar con el enojo ajeno, especialmente el de nuestros niños. Cuando otros expresen su enojo no le echemos gasolina al fuego y escuchemos atentamente para que la otra persona sienta nuestro interés. Siempre, en todo caso, tomemos precauciones para no ser lastimados

Sirvamos de ejemplo manejando nuestro enojo. Busquemos ayuda profesional (consejería, clases) cuando sea necesario.

 


 

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