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  • Edición impresa de Septiembre 6, 2012

TAMPA, Florida – El fenómeno atmosférico Isaac no debería ser la única preocupación de los republicanos que se congregaron en Tampa en la Convención Nacional Republicana que coronó oficialmente a Mitt Romney como su candidato a la presidencia de Estados Unidos. Les debería preocupar, y mucho, que su partido se haya convertido en una institución casi monolítica donde otras ideas y otros grupos no son verdaderamente bienvenidos. Debería preocuparles la realidad demográfica de la nación, la importancia de las minorías, particularmente de los hispanos, para su supervivencia política y el hecho de que las figuras latinas que coloquen como símbolos en sus programas diarios durante la convención no borran la otra realidad de que la plataforma de su partido y las políticas que defienden, promueven, o sobre las cuales guardan silencio, cuentan la verdadera historia: que el Partido Republicano es una especie de isla apartada que se sostiene únicamente con el apoyo de su base conservadora y se muestra hostil hacia la principal minoría étnica del país, los hispanos, y a los asuntos que les preocupan, como la inmigración.

Una isla que tiene como aliados a algunas de las principales figuras antiinmigrantes del país.

Para muestras, un botón.

El Secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, cerebro y arquitecto de las leyes más antiinmigrantes de la nación, la SB 1070 de Arizona y la HB 56 de Alabama, es asesor de la campaña de Romney y es la fuerza tras la plataforma de línea dura en materia migratoria del partido.

La pregunta central, qué hacer con los 11 millones de indocumentados, sigue respondiéndose como hizo Romney en el proceso primarista: con la autodeportación, o como dice el borrador del documento, promoviendo “procesos humanos para alentar a los extranjeros ilegales a regresar voluntariamente a sus países de origen”.

No hay mención de la Acción

Diferida que permitirá que casi 2 millones de jóvenes indocumentados conocidos como Soñadores obtengan una protección temporal de la deportación y un permiso de trabajo. No se dice, como Romney tampoco ha dicho, cuáles son los planes con la Acción Diferida si Romney es electo presidente. ¿Revocarla? Romney prometió vetar el DREAM Act que legalizaría a estos jóvenes y dice que ofrecerá una solución permanente pero no aclara cuál.

Así llegan Romney y los republicanos al evento que da el pistoletazo a la carrera de obstáculos que culmina el martes 6 de noviembre. Con un evidente problema hispano sustentando por los sondeos que colocan su nivel de apoyo entre los latinos por debajo del 30%, pero con la esperanza de capitalizar con la falta de entusiasmo que de momento muestran muchos votantes latinos.

Su estrategia no es impulsar políticas que atraigan latinos sino erosionar el porcentaje de apoyo latino a Obama.

Irónicamente, se dice que los elefantes tienen buena memoria. Este caso parece ser la excepción, porque estos elefantes reunidos en Tampa han olvidado y desechado, para su perjuicio, las ganancias logradas por figuras como George W. Bush, que entendían la importancia del voto latino en su futuro como colectividad. Y lo han desechado, lamentablemente, figuras republicanas hispanas que trabajaron hombro con hombro con Bush y que ahora defienden como autómatas a un candidato que sólo ha perpetuado la imagen antihispana y antiinmigrante de los republicanos.

La semana pasada se congregaron en Tampa los elefantes desmemoriados.

 


 

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