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  • Edición impresa de Septiembre 5, 2013

Reforma Migratoria: el líder y el liderazgo

Con la reapertura del Congreso en la semana del 9 de septiembre, toma fuerza el gran interrogante: ¿qué harán el presidente de la Cámara Baja, John Boehner, y el resto del liderazgo republicano con la reforma migratoria?

De entrada se sabe que la preocupación inmediata será la batalla presupuestaria y la amenaza de un potencial cierre gubernamental, si no hay acuerdo.

Luego están las divisiones internas de los republicanos que sólo coinciden en la negativa a debatir el proyecto con una vía a la ciudadanía aprobado por el Senado, y en no admitir una reforma integral sino por partes.

¿Reforma con vía a la ciudadanía o sin vía a la ciudadanía? Esa es la pregunta.

Hace unos días el presidente del Comité Judicial de la Cámara Baja, Bob Goodlatte, insistió en que no debe haber un camino especial hacia la ciudadanía para los indocumentados, incluyendo a los DREAMers, sino algún mecanismo de regularización sin ciudadanía.

Esto lo enfrenta a su colega de Virginia, Eric Cantor, líder de la mayoría republicana y segundo en mando, quien antes del receso anticipó que impulsaría un proyecto para conceder una vía a la ciudadanía para los DREAMers.

El tercero en el liderazgo cameral, Kevin McCarthy, encargado de cazar y contabilizar votos y torcer brazos para aprobar medidas, no ha manifestado claramente su postura migratoria con la excepción de lo usual: primero es la seguridad en la frontera, la Cámara Baja no debatirá el plan del Senado y la reforma se hará por partes.

El presidente de la cámara dice que aplicará la Regla Hastert de sólo llevar al pleno medidas que tengan el apoyo de una mayoría de la mayoría republicana.

Pero lo cierto es que las acciones o inacciones de Boehner en materia migratoria no sólo impactarán sobre toda la comunidad inmigrante del país, sino que incidirán sobre el futuro político del Partido Republicano y su difícil relación con los votantes hispanos.

Quiéranlo o no, el cambio demográfico que ha redefinido el rostro del país ya no puede ignorarse y los que apoyan la reforma no son únicamente los propios inmigrantes y sus tradicionales aliados. Hay nuevos votantes de diversa ideología y trasfondo que pueden poner fin a la mayoría republicana en 2014, o que en las elecciones de 2016 y en las que vienen, pueden con su voto seguir frenando las aspiraciones republicanas de recuperar la Casa Blanca.

La decisión que tome Boehner sobre la reforma migratoria puede incidir en estos dos puntos.

El efecto económico de la reforma migratoria en el país y en su natal Ohio también debería moverle el tapete a Boehner. Se calcula que en ese estado residen 100 mil indocumentados y la legalización y eventual ciudadanía de estos inmigrantes supone que aumenten su productividad y sus ingresos, beneficiando, por ende, las economías local, estatal y nacional.

¿Qué hará Boehner? ¿Será dominado por quienes no quieren hacer nada, por quienes sólo proponen medias tintas de legalización sin ciudadanía, por quienes no ven más allá de las líneas limítrofes de sus distritos electorales?

¿Dejará pasar la oportunidad de hacer historia como el líder republicano que contribuyó a concretar la primera reforma migratoria en casi 30 años y con ello mejoró la competitividad electoral republicana entre los votantes latinos? En definitiva, ¿ejercerá liderazgo el líder, o lo harán otros por él?

 


 

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