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  • Edición impresa de Septiembre 4, 2014

La Columna Vertebral • “Que no cunda el pánico”

Los tiempos modernos reclaman moderación y sentido común cuando de pestes se trata. La intención no es que “cunda el pánico”, como diría el viejo y querido personaje mexicano. La intención, y el objetivo a cumplir, debe ser que la gente se informe y actúe en consecuencia.

Las muertes causadas por el Ébola en África tienen en alerta a los sistemas sanitarios del mundo, y Estados Unidos no puede ser la excepción. ¿La razón? El brote que comenzó el pasado mes de marzo ha causado más de 700 muertes en África Occidental.

Pero vamos por partes. Primero: ¿Qué es el Ébola?

Ébola es una fiebre hemorrágica viral, usualmente severa y fatal en humanos y primates como gorilas, monos y chimpancés, de acuerdo con la definición expuesta por los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

La fiebre, que toma su nombre del Río Ébola, en la República Democrática del Congo donde fue identificada por primera vez, es generada por una serie de virus de la familia de los llamados Filoviridae, que se han dado en llamar Ébola – virus.

¿Y cómo se transmite?

Esa es la cosa. Debido a que la reserva natural de virus transmisores no ha sido aún probada, la forma en la que el virus se transmite a un humano al comienzo de un brote es desconocida. Sin embargo, la infección de humano a humano funciona de diferentes formas. Así, cuando hay contacto directo con la sangre o las secreciones de una persona infectada o con objetos, como agujas, que hayan sido contaminados por secreciones infectadas.

Durante un brote de Ébola la infección se puede transmitir rápidamente en los centros de salud, hospitales y clínicas si el personal no desinfecta apropiadamente los instrumentos o no usa el equipo de protección adecuado, como máscaras, guantes y trajes especiales.

Cuando hay infección los síntomas suelen comenzar en cualquier momento entre los dos y los 21 días siguientes a la exposición al virus y son: fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, debilidad, dolor de estómago, diarrea, vómito y falta de apetito. Algunos pacientes pueden presentar también erupciones, ojos rojos, hipo, tos, dolor en el pecho y la garganta, dificultad para respirar y tragar y hemorragias internas y externas.

Muchas de las personas que se contaminan con el virus transmisor del Ébola logran recuperarse, otras no. Las razones por las que esto ocurre no han sido explicadas aún. Sin embargo, se sabe que los pacientes que mueren, por lo general, no desarrollan una respuesta inmune adecuada contra el virus.

Es muy importante saber que la fiebre no se transmite a través del aire, como las enfermedades respiratorias, o a través de alimentos o agua contaminados.

Las autoridades estadounidenses de salud emitieron el pasado 31 de julio una alerta invitando a sus ciudadanos a evitar viajes innecesarios a Guinea, Liberia y Sierra Leona. Es importante recordar que los brotes se han presentado también en Nigeria, República Democrática del Congo, Sudan de Sur, Gabón, Costa de Marfil, Uganda y Sudáfrica.

Conocidos los hechos, es claro que al asunto del Ébola hay que ponerle atención, sobre todo si trabajamos en el sector de la salud o debemos viajar a alguno de los países de alto riesgo. De lo contrario, por ahora, no hay nada que temer.

 

 


 

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