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  • Edición impresa de Septiembre 16, 2014

La miseria de los trabajadores

En 1886, cuando miles de trabajadores decidieron protestar contra las injusticias que los oprimían y se reunieron en una plaza de Chicago para pedir, por ejemplo, jornadas de ocho horas, muchos fueron condenaron.

Los trabajadores por decenios han tenido que pagar con su vida y con su sangre el derecho a sus derechos.

Durante el fin de semana en que se celebró el Día del Trabajo, tanto el presidente Barack Obama como el encargado de la cartera laboral, Tom Pérez, hicieron énfasis en la importancia de aumentar el salario mínimo.

El Presidente reflexionó sobre el hecho de que no siempre tuvimos las cosas que a menudo damos por sentadas, como el Seguro Social y los servicios de Medicare o las normas de seguridad laboral y el derecho de agremiación para reclamar mejores salarios y beneficios; y recordó que trabajadores y sindicatos han tenido que luchar bastante por estos derechos.

Según Obama la lucha debe continuar. “Tenemos que luchar por el derecho a tener seguros de salud asequibles para todos. El derecho a un sueldo justo, ausencia por motivos familiares pagada y flexibilidad en el lugar de trabajo. El derecho a un salario digno”, dijo y señaló enfáticamente que en el país que dirige nadie que trabaje a tiempo completo debería tener que criar a su familia en condiciones de pobreza.

Y tiene razón. Pero el asunto que preocupa es que hoy por hoy más de 11 millones de personas continúan trabajando sin que se les respeten sus derechos; muchos en completa indefensión e, incluso, en condiciones de esclavismo.

En este país miles de empleadores siguen beneficiándose abusivamente de la situación migratoria de sus empleados, negándoles los beneficios a que tienen derecho y robando su sueldo.

Miles y miles de hombres y mujeres trabajan en las sombras y están muy lejos de soñar con los beneficios y derechos que a otros les son comunes, como el acceso a servicios de salud y pensión.

Y hablamos aquí en general de los trabajadores, pero no podemos ignorar que muchas veces las mujeres son doblemente victimizadas al convertirse en objetos sexuales y ser abusadas y discriminadas.

Sí, señor Presidente, el aumento del salario mínimo es justo y necesario, pero no puede olvidar usted que millones de trabajadores inmigrantes no podrán acceder a él mientras no sea ajustada su situación migratoria.

Y tampoco puede olvidar que le está fallando y le sigue fallando a la comunidad hispana, que sigue esperando una acción ejecutiva, ya que no fue posible lograr la reforma migratoria en el Congreso.

A ver si algún día podemos hablar de justicia y de trabajadores al mismo tiempo, porque hoy, en el país de las leyes, es más fácil hablar de su miseria.

 


 

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