Dibujos de Karime Perea

Continuación

Por las tardes, Chulada se sentaba a la orilla del estanque. A veces imaginaba que un terrible vendaval dejaba todo como un agujero fétido y todos se morían; otras imaginaba que todos eran hermosos como ella y todos le hablaban como a cualquier otra rana y eso le llenaba de miedo; casi siempre imaginaba cosas horrendas y terminaba llorando al sentirse sola, solititita.

“Sí, todos saben que soy la más hermosa rana del mundo, pero nadie me quiere a mí, sólo ven que soy hermosa╔”.

Un día llegó al estanque un sapo joven y muy guapo. Las ranitas se quedaron boquiabiertas cuando lo vieron entrar al estanque.

El extraño, traía dos maletas de donde comenzó a sacar los productos que vendería. Cuando comenzaban a arremolinarse a su alrededor las embobadas ranitas pasó nadando Chulada.

El vendedor se quedó estupefacto, como lelo, como bobo, como tonto.

Luego de unos minutos, se acercó intrépido a Chulada y en el camino arrancó un lirio que le ofreció al tiempo que decía:

Nunca he visto nada igual

A tu belleza graciosa,

He surcado el vendaval

Pasado por muchas cosas,

Todo mi ser se acelera

Al imaginar siquiera

Tu nombre para adorarlo

Para tatuado llevarlo╔

Entonces, ocurrió algo extraordinario que cambiaría para siempre el destino de Croakataun.

Chulada, muy enojada por los piropos del extraño, volteó y le gritó enfrente de todos:

“Me llamo PETRA”.

Como si nada hubiera ocurrido, los sapos siguieron su camino, las ranas regresaron a sus actividades, y el estanque volvió a su barullo acostumbrado.

El extranjero, desconcertado, no pudo entender por qué esa rana tan hermosa podía llamarse simple y horriblemente: Petra. Entonces se fue a buscar otro estanque donde no ocurrieran cosas tan extrañas y pudiera vender sus productos.

Por la noche, Chulada regresaba con cuidado de no ser vista. Esta vez no había imaginado catástrofes ni cosas malas, pero había llorado mucho más que nunca.

­ Si lloras así todos los días acabarás con tu hermosura, ¿no sabes que sufrir demasiado hace fea a la gente?

Le dijo Casimiro, un joven sapo que usaba unos enormes lentes.

­ ¿Tú qué puedes saber de sufrir?

­ No creas, ser diferente siempre es difícil, tú por hermosa y yo╔ pues yo por estos lentes y porque, como puedes ver, no soy muy guapo que digamos╔ Pero un día decidí dejar de sufrir. Aunque los rastros del dolor no se borran, sí se borra el dolor del corazón.

Chulada se quedó callada, quería salir de su pecho ese algo que no paraba de dar golpeteos. Nunca nadie le había hablado así.

Una mañana, Chulada despertó muy tarde y no estaban en su agujero ni papá ni mamá rana, pero el desayuno estaba servido.

 

Acababa de terminar de comer cuando su padre llegó agitado diciéndole:

­ Queridita, preciosa, sabes que eres la ranita más hermosa que ha habido nunca en el estanque. Pero como antes dejaste de ser renacuajo, ahora es momento de dejar nuestra casa y comenzar un vida al lado de una rana que te quiera, te ame y te dé muchas ranitas para que seas muy feliz. Mañana te casarás con tu pretendiente, pues ya han venido a pedirte.

Al día siguiente todo era revuelo. Las ranas estaban vestidas de fiesta, por todos lados había corazones y arreglos. Habría boda y eso era un evento muy importante. Aunque se escuchaban comentarios como:

“Tan estúpido y feo Casimiro y la pobrecita tan tierna, tan delicadita, tan╔”

A la hora de la boda, las dos figuras estaban frente al altar, la novia con largo velo blanco que no dejaba ver su cara y Casimiro flaco y con sus enormes lentes.

El viejo Próculo, con su autoridad, presidía la boda:

“Estamos reunidos para presenciar la boda entre Casimiro y la señorita╔ Chulada”.

Entonces, la novia molesta se levantó el velo e hizo algo que nunca jamás nadie había hecho, le gritó al viejo sapo:

“NO, no soy chulada, me llamo PETRA”.

Sin embargo, no fueron felices para siempre. Porque Petra tenía aún mucho del carácter de Chulada, a menudo se molestaba sin sentido, era caprichosa y a veces muy exagerada en las cosas que no le agradaban. Pero Casimiro fue un marido paciente y tranquilo.

Con los años, tuvieron su primera camada de huevecillos y cuando el primero estaba a punto de abrir, Próculo comenzó su cantaleta de siempre:

Este renacuajo es...

Entonces Petra, antes Chulada, le pegó una fuerte patada con sus ancas, justo entre los ojos. Y cuando Próculo estaba atontado en el suelo le gritó imitando su voz ronca:

Este renacuajo es╔ ¡¡¡el primer hijo de Petra y Casimiro!!!