Latinos y anglosajones: CO HEREDEROS DE LA HERENCIA HISPANA

Por el senador Larry Craig (R-Idaho)

Basta con introducir una mano en el cofre simbólico que guarda la herencia hispana para extraer muestras que reflejan el lustre y el valor de ese patrimonio.

Los frescos aires de septiembre anuncian la llegada de una nueva temporada. Y el murmullo de la gente y las alegres notas musicales que ya se oyen en el ambiente, anuncian el comienzo de una gran celebración.

Como sabemos, a un tiempo que las naciones de Centro América y México conmemoran su independencia, Estados Unidos arranca con la celebración del “Mes de la Herencia Hispana”.

Comenzó siendo un festejo de siete días. En 1968 el Congreso decretó que la semana que comprendiera el 15 y 16 de septiembre se apartaría para reconocer el impacto de la cultura latina en la vida de la nación. Pero en 1988, cuando Ronald Reagan era presidente, la fiesta se extendió a un mes.

Y con justa razón. Es “un honor merecido”, dijo Reagan en ese entonces, lo cual sigue siendo cierto ­como cierto es también que las contribuciones de los hispanos son tantas, que bien se ocupa un mes en celebrarlas­.

Enumerarlas sería imposible. Basta decir que en 1620 cuando los colonizadores ingleses desembarcaron en las costas de la que sería Nueva Inglaterra, habían pasado 94 años desde cuando se registra el primer asentamiento español, entonces ubicado en algún punto de la costa de Georgia y Carolina del Sur.

Los hispanos son parte de nuestra historia. En 1540 le dieron a Nuevo México su nombre y entre 1609 y 1610 fundaron Santa Fe. En la Florida establecieron San Agustín en 1565, cuarenta y dos años antes que la creación de Jamestown, el primer asentamiento permanente inglés. Para 1860 estaban trabajando en las minas de Idaho. De hecho, fueron hispanos quienes introdujeron los métodos de minería en los Estados Unidos. Y palabras como “buckaroo” de vaquero, y “lariat” de “la reata”, son solo algunas que vienen del español.

Basta con introducir una mano en el cofre simbólico que guarda la herencia hispana para extraer muestras que reflejan el lustre y el valor de ese patrimonio.

Salta a la vista ese espíritu afable que con tanta facilidad resulta en sonrisa; la calidez con la que impregnan sus relaciones; ese sostenido compromiso en alimentar fuertes lazos familiares.

Son evidentes el empeño con el que realizan su trabajo ­con dedicación y sin atajos­; la perseverancia de la que se valen para continuar; la resistencia de la que echan mano para intentar algo, y de ser necesario, para intentarlo otra vez más.

Parte de la herencia es ese optimismo, que no es sino reflejo de una fe mucho más firme y profunda. Parte de la herencia son los ritmos alegres de su música, la poesía de su lenguaje, los colores de su arte. Las lecciones de los padres, los recuerdos de otros tiempos, los dichos y cuentos del abuelo, los platillos de abuelitaÉ y más.

Por eso celebramos la herencia, pero honramos también a quienes la transmiten, a aquellos hombres y mujeres que con su ejemplo inspiran a otros a caminar más lejos; con sus palabras, a subir más alto; y con su generosidad, a compartir de la abundancia de ese legado.

Es un legado tan vasto, que quienes no pertenecemos a la familia propiamente, continuamente nos vemos enriquecidos por él, lo cual nos hace coherederos de la herencia hispana.