Guerra contra la miseria

Por José Carlos García Fajardo

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo publica cada año un Informe sobre la situación de los habitantes del planeta, cuya lectura es apasionante. Se impone hablar menos de cooperación con “el tercer mundo” y preguntarnos por qué los pueblos del Sur pasan hambre de alimento, de salud y de educación.

En el Informe de 1998, ya denunciaba la ONU que el 18% de la población del planeta controla más del 80% de los recursos de la tierra mientras que el 20% más pobre sólo tiene acceso a un 1% de esos bienes.

Más de mil millones de habitantes del planeta sobreviven con menos de un dólar al día, y 20.000 personas mueren de hambre cada día. Hace unos días, Luis Inacio Lula da Silva, en la Cumbre de la Iniciativa contra el Hambre y la Pobreza, calificó el hambre como "la peor de las armas de destrucción masiva". El texto subraya que, con el avance tecnológico actual, la persistencia de esta plaga es "irracional, inaceptable y vergonzosa". Se calcula que para librar ese combate harán falta unos 50.000 millones de dólares anuales.

El hambre del mundo son 900 millones de estómagos vacíos, la mayoría localizados en Asia y África, según el último informe de la ONU. El número de personas desnutridas crece cada año en cinco millones, lo que autoriza a la FAO a diagnosticar una clara "recesión en la guerra contra el hambre". Todavía es mayor la cifra de los que viven en situación de extrema pobreza, que supera los mil millones.

Los instrumentos para facilitar la generación de los recursos necesarios son: Impuesto sobre los movimientos de capital; impuesto sobre el comercio de armas; emisión de deuda pública para financiar los incrementos futuros de la ayuda al desarrollo; lucha contra la evasión fiscal y contra los paraísos fiscales que anulan la capacidad recaudatoria de los países en desarrollo. Además de mejoras de las remesas de los inmigrantes, cifradas en unos 86.000 millones de dólares anuales, que superan el monto global de la ayuda y tiene un efecto directo en el crecimiento; es preciso acelerarlas y abaratarlas. Donaciones por tarjeta de crédito asociada a los objetivos del Milenio que permita a los usuarios donar automáticamente una pequeña suma por cada transacción realizada. Incrementar la inversión en los fondos éticos, o inversiones socialmente responsables (ISR), vinculadas a objetivos de promoción de empleo, respeto ecológico y otros requisitos sociales.

Si estos propósitos parecen difíciles, ya en el Informe del PNUD de 1998, se declaraba que el gasto anual para cubrir estas necesidades básicas suponía 40.000 millones de dólares anuales, durante diez años, en los países en vías de desarrollo. Enseñanza Básica para todos: 6.000 millones. Salud reproductiva para todas las mujeres: 12.000 millones. Salud y nutrición básicas: 13.000 millones. Agua y saneamiento para todos: 9.000 millones.

Para conseguir estas cifras, hoy elevadas a 50.000 millones al año, el Informe denunciaba que en un año se habían efectuado estos gastos: Cosméticos en Estados Unidos 8.000 millones. Helados en Europa 11.000 millones. Perfumes en Europa y EE.UU. 12.000 millones. Alimentos animales domésticos Europa y EE.UU. 17.000 millones. Cigarrillos en Europa 50.000 millones. Bebidas alcohólicas en Europa 105.000 millones. Drogas estupefacientes 400.000 millones. Gasto militar en el mundo 780.000 millones. Baste recordar que, sólo en EU, se ha duplicado el gasto militar desde esa fecha con los resultados que todos padecemos.

Al presentar a la opinión pública el Informe, la ONU lo calificó de “información subversiva”, que es preciso considerar para poder subvertir un orden social injusto.