“Lo que hagas a mi hermano, me lo haces a mí”

Rev. Roberto González

Llegaron a los Estados Unidos como la mayoría de los hispanos hemos llegado... con un gran esfuerzo pagaron un "coyote" y, sorteando enormes peligros, arribaron a la tierra que promete "paz y justicia para todos”.

Atrás dejaron muchos sueños rotos, pero haciendo uso de esa capacidad de creer y tener esperanza, pensaron que eso les bastaba para forjar un mejor futuro en este país. Doña Esperanza y sus tres hijitos: María de 16, Jorge de 15 y la más pequeña, Juanita, de 13 estaban felices aunque su papá no estaba con ellos, pues los había abandonado tres años antes. Parecía que de todas maneras ellos saldrían adelante, pues estaban aquí en "la tierra de las oportunidades".

Luego luego encontraron alguien que les ofreció trabajo a todos, era el dueño de un restaurante. ¡Qué buen señor! Además les ofreció la oportunidad de tener su propio carro y casa y que le fueran pagando en abonitos. ¿No era todo eso maravilloso?

"Don Pancho es muy feo nombre para ese ángel" ­decía la mamá­ "mira que ayudarnos de esa manera."

Lo que estos hispanos no sabían era que: don Pancho, "el ángel", les estaba pagando mucho menos de la mitad de lo que la ley estipula. Además el carro y la casa que les estaba vendiendo valían mucho menos del precio que ellos estaban pagando. De todas formas ellos estaban felices, tenían casa y carro propio en tan poco tiempo; además estaban trabajando todos juntos.

Mamá dijo que se apurarían a pagar todo lo más pronto posible, y así lo hicieron, pues ellos habían aprendido a no tener deudas, además necesitaban el título de la casa para tratar de tener todo a su nombre.

Fueron tres o cuatro meses de intenso trabajo, pero lo lograron. Jorge aún recuerda, con lágrimas en sus ojos, ese día cuando "El Ángel" les dijo que no les daba el título de la casa ni del carro y que le hicieran como quisieran, pues al cabo él sabía que no tenían "papeles" y que si trataban de hacer algo les echaba la "migra".

Pero qué lejos estaba esta familia de la realidad que vivimos los hispanos en este país. Ahora, ¿a quién pedían ayuda? No tenían firmado ningún papel, ¿cómo podían llevar a este individuo a corte?

Con estas preocupaciones llegaron a mi pequeña oficina, donde no hicimos más que orar al Dios de los cielos pidiéndole justicia ante tan grande infamia, pero la verdad es que como ser humano no puedo creer que esas atrocidades se den ante nuestros ojos y como si nadie las viera. La verdad es que existen en este país, miles de casos parecidos al de doña Esperanza y sus hijos y al parecer nadie se preocupa por ellos, al fin y al cabo son "Mojados."

La Biblia dice en Deuteronomio 24: 17: “No tocarás el derecho del extranjero, ni del huérfano, ni tomaras en prenda la ropa de la viuda”. Pero a mi me parece que, en este país, el extranjero no tiene derechos, ¿o si?, ¿no cree usted que muchos estamos violando este principio divino?

Cómo quisiera que estas historias fueran irreales, pero usted y yo las encontramos cada día a la vuelta de la esquina. Pero aún me duele más que, quienes hemos logrado un mejor estatus migratorio, nos hemos olvidado que un día estuvimos en la misma situación que quienes vienen llegando.

Quiera Dios darnos una conciencia más despierta y un corazón más grande y siempre abierto para ayudar a nuestros hermanos hispanos, quienes al igual que nosotros, un día pensando en una mejor oportunidad de vida para ellos y los suyos, dejaron sus tierras con la esperanza de hacer realidad el "sueño americano."

No se vale que los explotemos al llegar aquí y no debemos callar si vemos que los explotan.

Cristo dijo que en el juicio de "Aquel día" una de las medidas para juzgar o condenar será: “Fui mojado y me recogistes...” Mateo 25: 35, Y entonces le dirán: “¿cuándo?” Y él responderá, “cuando lo hiciste con uno de estos mis hermanos lo hiciste conmigo”, Mateo 25:40.