Organización cristiana internacional denuncia que la Guerra de los EU contra drogas es una guerra contra los campesinos

Por. Agencia Prensa Rural

De nuevo han sido fumigadas centenares de hectáreas de comida, acueductos veredales, animales, selvas y cuerpos de agua. Hay una crisis alimentaria en la región. El día de hoy 24 de Septiembre parte una comisión de verificación de los impactos las fumigaciones en el Valle del Río Cimitarra. ¿Hasta cuando vamos a permitir que dos Estados desalmados y unos cuantos negociantes y coimeros continúen envenenando a nuestro pueblo y a la naturaleza de nuestro país?

En la mañana del viernes 23 de Septiembre, en el aeropuerto Yariguíes de Barrancabermeja, una delegación internacional de los Equipos Cristianos de Acción por la Paz ­ECAP­ hizo una oración contra las fumigaciones encabezada por los EU. El aeropuerto civil de la ciudad ha sido convertido por el Plan Colombia en la más grande bodega de químicos, avionetas fumigadoras y helicópteros militares del Magdalena Medio; estos son los recursos que el Gobierno estadunidense está utilizando en la guerra que le ha declarado a la droga en la República de Colombia. De rodillas y orando frente a las avionetas que esparcen el veneno, el grupo mostró una pancarta que rezaba: “Sí al desarrollo, la autogestión y la vida; No a los dólares estadounidenses para armas y fumigaciones”.

En un manifiesto escrito, la delegación declaró que ellos no están apoyando el narcotráfico, sino que están rechazando las fumigaciones aéreas, pues las ven como una estrategia poco efectiva para reducir la producción de cocaína. Para ellos las fumigaciones son un atentado contra las comunidades rurales más pobres y el medio ambiente de Colombia.

Las fumigaciones aéreas no sólo impactan los cultivos de coca, también tienen serias y graves consecuencias sobre los cultivos de pancoger, envenenan los animales domésticos y los peces, contaminan los recursos naturales que los campesinos necesitan para vivir y afectan su salud. Cuando las plantaciones de coca y el territorio son rociadas y quemadas con glifosato, los cultivadores se adentran en la selva, queman varias hectáreas de bosque y comienzan un nuevo cultivo de coca.

Los campesinos desean cambiar sus cultivos ilícitos por cultivos rentables. Lo irónico es que los cultivos alternativos como cacao, están recibiendo apoyo estado-unidense al tiempo que no escapan a la destrucción provocada por las fumigaciones. Así, se contribuye con un ciclo de muerte y destrucción que los cultivos ilícitos y las fumigaciones necesitan para perpetuarse. Por otra parte, los campesinos, a pesar de que enfrentan las consecuencias de una guerra frontal contra la coca, sólo se quedan con un dos o tres por ciento de las ganancias que arrojan el narcotráfico.

En Estados Unidos no se recomienda la esparsión aérea del glifosato, reconocido como el producto más vendido de la empresa Monsanto. Desde el 2002 más de 8,000 quejas por daños ocasionados por las fumigaciones con glifosato a personas y cultivos se han archivado en la Embajada de Estados Unidos en Bogotá. En el 2004, sólo 5 casos recibieron indemnización.

La delegación ha estado en el Magdalena Medio, una región ubicada en el centro-norte de Colombia, donde ha tenido la oportunidad de conocer pequeños agricultores y desplazados. Todos son campesinos que han tenido que abandonar sus tierras a causa del conflicto armado y la política de fumigación de cultivos ilícitos.

Thaddeus Hicks, un oficial de policía de la ciudad de Marysville, en el estado de Ohio, dice: “yo escuché directamente de la gente, que la fumigación no funciona, está matando a la gente”. El Reverendo Dan Dale, de la Iglesia Unida de Cristo Pastor de la ciudad de Chicago, en el estado de Illinois, hace un llamado al Congreso de los Estados Unidos para detener los programas de fumigación en Latinoamérica. “Nosotros no estamos resolviendo nuestros problemas de salud pública. Nosotros estamos usando la lucha contra las drogas como una excusa para matar los más pobres de los más pobres”.

Después de la acción la delegación tomo el vuelo hacía Bogotá para encontrarse con un oficial de la embajada estado-unidense para expresar sus preocupaciones sobre las fumigaciones y otras preocupaciones que han visto en su viaje.

Otros miembros de la delegación de Equipos Cristianos de Acción por la Paz ­ECAP­ fueron los estadunidenses Justin Donner y Rosabelle McCullough de Filadelfia, y Nancy Long de Peoria, Illinois; los canadienses Esther Kern, de la ciudad de London, Ontario, y Stewart Vriesinga, de Lucknow, Ontario; y el colombiano Julián Gutiérrez, de la ciudad de Pereira.