Se agotan los peces

Por la periodista María José Atiénzar

El consumo de pescado está agotando la riqueza de los mares. A pesar de que casi la mitad de este alimento que se consume en el mundo se produce en piscifactorías, el 25% de las especies marinas está al límite de su supervivencia.

La población mundial necesita proteínas y para la mitad de los habitantes del planeta el pescado representa más del 20% de su ingesta de proteínas animales. El consumo actual de 140 millones de toneladas de pescado al año crecerá en otros 40 antes de dos décadas, según las previsiones de especialistas.

Este abuso pone en peligro la supervivencia de una cuarta parte de las 600 especies marinas más consumidas. Del resto, el último informe sobre pesca de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) afirma que un 7% ya están agotadas y un 17%, sobreexplotadas. Tan solo 18 de las 600 especies más consumidas se encuentran poco explotadas, quizá porque no se han puesto de moda en nuestros menús y dietas.

La demanda sigue en aumento y las flotas pesqueras buscan nuevos caladeros donde practicar capturas a mayor profundidad y con sofisticados sistemas de detección de bancos de peces. El volumen de capturas se ha estabilizado en unos 95 millones de toneladas al año, de los que el 60% va a la alimentación y el resto entra en la cadena en forma de harinas de pescado, piensos y abonos.

Casi un tercio de la pesca proviene de aguas continentales, ríos y lagos, en capturas que suelen realizarse con técnicas artesanales, para el comercio a pequeña escala o el autoconsumo. Pero las alteraciones en los cursos de los ríos, canales y presas, así como la contaminación de los cauces también ponen en riesgo su continuidad. Las tres cuartas partes de los pescados de agua dulce proceden ya de piscifactorías, mientras que la proporción en el mar es solo de un 13%.

El 43% de los peces que se consumen proceden de la acuicultura. Atún, rodaballo, dorado, salmón y trucha, mero o besugo están entre los más demandados.

Las granjas marinas aportaron el último año 45 millones de toneladas y fueron los países del norte los que importaron 33 millones de toneladas. Es paradójico que la pesca provenga muchas veces de países con problemas para alimentar a su propia población, pero resulta un recurso indispensable para los países exportadores, ya que estas partidas les aportan un beneficio neto de 20.000 millones de dólares.

La mayor parte de la nueva demanda tendrá que satisfacerse con la acuicultura. Con ello se puede contribuir a reducir y racionalizar la pesca de captura, limitando la demanda y abaratando los precios, pero solamente es una parte de la solución. La acuicultura no es suficiente. Tiene inconvenientes medioambientales, pues las granjas implican construcciones que impiden el desarrollo de otras especies, requieren inversiones de mantenimiento y un gasto energético para dar suficiente ventilación y circulación al agua. Los ecologistas nos hacen ver, por ejemplo, la destrucción en Centroamérica y el sureste asiático de los manglares para criar camarones.

El agotamiento de las poblaciones marinas tiene repercusión en la seguridad alimentaria y en el desarrollo económico. Si la situación no se corrige, se reducirá el bienestar social de los pueblos y se perjudicará aún más a los ecosistemas submarinos.

Para hacer sostenible el sistema, habría también que cuidar de aquellas especies que todavía están en buenas condiciones, para equilibrar la intensidad de la pesca con la capacidad de esas especies para soportarla.

Las estrategias que proponen los expertos para reequilibrar estas poblaciones marinas son la disminución o el cese temporal de la pesca de las más explotadas, la reducción de la degradación del medio ambiente submarino y la rehabilitación activa de los hábitat dañados. Y un consumo responsable por parte de todos. Contacto: ccs@solidarios.org.es