El Sí ecuatoriano y sus consecuencias

ANALISIS GLOBAL por Isaac Bigio

Según los primeros sondeos en el referendo ecuatoriano del domingo 28 de septiembre, entre el 65 y el 70% de los votos fue por el Sí a la constitución propuesta por el presidente Correa. En cambio, sólo uno de cada cuatro sufragios fue por el No.

Los datos indican que el Sí ganó ampliamente en la costa, la sierra y selva (reducto del opositor ex presidente Lucio Gutiérrez) y también en Guayaquil (cuyo alcalde Jaime Nebot es la principal autoridad de la derecha).

Correa ha alcanzado una victoria que lo coloca en una mejor posición que sus aliados Daniel Ortega (quien llegó a la presidencia de Nicaragua con sólo un 38% de los votos), Hugo Chávez (quien perdió por un 1% en el referendo constitucional de diciembre) y Evo Morales (quien, si bien obtuvo un 67% de respaldo en el referendo, perdió en 2 de los 9 departamentos, los mismos que se han levantado recientemente).

La carta magna de Correa no contempla nacionalizaciones ni medidas muy radicales. Sus contrincantes no lo han podido acusar (como en Venezuela) de querer perpetuarse eternamente en el poder o de querer ‘socializar’ a las FFAA o a la economía, y tampoco (como en Bolivia) pueden azuzar un fuerte autonomismo regional.

Una característica de los gobiernos del período democrático post-1978 en Ecuador era su inestabilidad y los constantes choques entre el poder ejecutivo y el legislativo, lo cual produjo la caída de varios mandatarios.  

El referendo ecuatoriano alentará a la izquierda colombiana, peruana e iberoamericana. Tanto Chávez como Evo buscarán sacar provecho: el primero para ganar las elecciones regionales de noviembre y el segundo para aislar a los autonomistas orientales e imponer su Carta Magna.

Ecuador no es un país con un peso importante en la política global, pero los resultados de su referendo no dejan bien parada a la estrategia internacional de los republicanos de Estados Unidos. En momentos en que McCain ha querido aprovechar la expulsión de sus embajadores de La Paz y Caracas para acusar a Obama de querer dialogar con Chávez, el triunfo correísta podrá ser utilizado por los demócratas para mostrar que la política externa dura de sus rivales no ha hecho más que fortalecer la ola izquierdista en su ‘patio trasero’.