Comercio justo y soberanía alimentaria

Por Esther Vivas

• Red de Consumo Solidario/ Adital -

Hoy en día hablar de comercio justo implica incorporar la perspectiva de la soberanía alimentaria. Ambos conceptos están estrechamente unidos y el primero no es posible sin asumir las premisas del segundo.

Cuando nos referimos al comercio justo consideramos, en principio, una serie de criterios de producción: de respeto al medioambiente, de pago de un salario digno, de igualdad de género, etc. Al mismo tiempo reivindicamos su aplicación a todos los actores que integran la cadena comercial. ¿Qué sentido tendría establecer unos criterios para el productor y otros diferentes para el punto de venta? Estos criterios, de justicia social y medioambiental, que deben ser tenidos en cuenta en todo el “recorrido vital” de un producto, están íntimamente ligados al principio de la soberanía alimentaria.

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a controlar sus políticas agrícolas y alimentarias; el derecho a decidir qué cultivar, qué comer y cómo comercializar; a producir localmente respetando el territorio y a tener en sus manos el control de los recursos naturales.

Podemos hablar de un comercio justo local, entonces, cuando comemos fruta y verdura fresca de temporada producida por campesinos en base a unos principios de justicia social y medioambiental y cuando accedemos a estos productos a través de los mercados locales y la red de la economía solidaria. Del mismo modo, podemos hablar de un comercio justo internacional para aquellos productos que no se producen localmente. Aquí, si adquirimos productos como el café, el azúcar, la quínoa, etc., debemos asegurarnos que responden a los principios de soberanía alimentaria, donde su comercialización internacional sea un complemento a su distribución local. En este sentido, la compra de estos productos en establecimientos solidarios nos garantiza la transparencia y la justicia en todo el recorrido del producto.

Visto lo anterior, ¿qué podemos decir de un café de comercio justo en una estantería de un supermercado? ¿De una miel que nos llega de Ecuador? ¿De los plátanos de una gran plantación latinoamericana con su certificación correspondiente? ¿Es esto comercio justo? Si tomamos como principio la soberanía alimentaria, ninguna de estas prácticas lo es.

Una gran empresa que basa su beneficio en la explotación de sus trabajadores, en la extorsión a los campesinos y proveedores; en el fomento de un consumismo irresponsable, etc., nunca podrá llevar a cabo un comercio justo. La importación de miel de Ecuador y su consiguiente impacto ambiental, por más que haya sido elaborada con criterios sustentables, no ésta justificada en la medida en que contamos con mieles locales producidas con estos mismos criterios. Tampoco es comercio justo que plantaciones bananeras en manos de la industria agroalimentaria, como Chiquita y Dole, produzcan plátanos con sellos de comercio justo, mientras que en otras fincas explotan a sus trabajadores y acaban con la producción local.

[Co-coordinadora de los libros “Supermercados, no gracias” (Icaria, 2007) y “¿Adónde va el comercio justo?” (Icaria, 2006). Artículo aparecido en el suplemento Altermundo nº 13 del periódico Galicia Hoxe].