Firmado el rescate financiero

WASHINGTON, D.C.— El presidente George W. Bush promulgó ayer el mayor rescate financiero desde la Gran Depresión por 700,000 millones de dólares de los contribuyentes para tratar de estabilizar el mercado crediticio, permitiendo el flujo de dinero que requieren estados, empresas e individuos para mantenerse a flote.

El Congreso envió el proyecto a Bush luego de que la Cámara Baja aprobó una versión modificada en votación 263 a 171, tras rechazar el proyecto el lunes, provocando un desplome de 777 puntos en la Bolsa de Valores. El Senado aprobó la medida el miércoles en votación 74 a 25.

El objetivo central es que el gobierno compre parte de la deuda tóxica (sobre todo títulos devaluados de hipotecas de alto riesgo) de empresas financieras. Al borrar esa deuda de sus libros, se permitiría el flujo del crédito entre los bancos, y de estos a empresas, gobiernos a todos los niveles e individuos. Esto a su vez genera confianza en el mercado.

Al menos en teoría es lo que se espera, aunque todos coinciden en que el efecto no es automático. Bush admitió que “tomará algún tiempo para que esta legislación tenga un impacto completo sobre nuestra economía”.

El índice industrial Dow Jones estuvo al alza por buena parte del del día y tras aprobarse el plan de rescate cayo ,perdiendo 157 puntos al cierre. En parte se debió a que el gobierno reportó la pérdida de 159,000 empleos sólo en septiembre, la mayor cifra en cinco años

La Cámara Baja aprobó una extensión de los beneficios de desempleo a quienes ya los agotaron, pero no se sabe si el Senado actuará este año.

Uno de los argumentos para impulsar el plan fue que sin el acceso a crédito muchas empresas, grandes y pequeñas, no tendrían dinero para crecer, para inventario ni para nómina, provocando más despidos.

La nueva ley pide que el Departamento del Tesoro “implemente un plan para mitigar los embargos y aliente a los proveedores de servicios hipotecarios a reestructurar hipotecas a través del programa Hope for Homeowners y otros”.

Pero dejó fuera el lenguaje que daba autoridad a jueces de bancarrota a modificar hipotecas de alto riesgo. Tampoco se incluyó el proyecto de crear un fondo federal que modifique estas hipotecas a intereses más bajos y fijos.

La ley elevó el tope del dinero asegurado por el banco en cuentas individuales de 100 mil dólares en el presente a 250 mil; y agregó $110,000 millones en créditos y deducciones tributarias para empresas y familias.

En torno a la protección al contribuyente, la nueva ley dice que si en cinco años el gobierno no ha recuperado el dinero, hay mecanismos para lograr que las empresas rescatadas respondan.

Asimismo, el gobierno tendrá acceso a acciones en algunas compañías para garantizar que los contribuyentes se beneficien de las ganancias que obtengan esas empresas rescatadas.

Habrá una junta de supervisión para vigilar la implementación del plan y se limitan los millonarios beneficios a los ejecutivos de Wall Street.

Obama dijo que la medida “era absolutamente necesaria para prevenir una catástrofe económica que habría costado millones de trabajos y forzado a empresas a través de la nación a declararse en bancarrota”.

McCain, por su parte, indicó que el proyecto “no es perfecto y es escandaloso que sea necesario. Pero tenemos que frenar el daño a la economía provocado por prácticas corruptas e incompetentes en Wall Street y en Washington”.