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  • Edición impresa de Octubre 6, 2009.

colum100609f2Un tema difícil. Para los inmigrantes, Estados Unidos representa muchas cosas; para varios, literalmente “muchas cosas”: trabajo, dinero, casas, carros… En suma, un sueño y la posibilidad de hacerlo realidad. Dejamos todo para emprender un camino incierto, desconocido, cargando como único equipaje un pasado que se queda y un futuro lleno de esperanzas. Una aventura digna de admiración que hace de cada inmigrante un héroe.

Los inmigrantes venimos a trabajar, y llega un momento en que el sueño se empieza a cumplir gracias a las cargas exhaustivas y a las largas jornadas en las que papá y mamá prácticamente no descansan, teniendo que atender dobles turnos en diferentes trabajos para cumplir con los compromisos adquiridos.

Pero, ¿y los hijos? Los padres hacen hasta lo imposible por darles un mejor futuro; ésa es la energía que les mantiene viva la fuerza para soportar tanto trabajo. Sin embargo, algunas veces, dejan a un lado sus necesidades más elementales.

Los hijos no sólo se alimentan con comida o se mantienen seguros con un techo o calentitos con una cobija; los hijos necesitan una guía, apoyo, compañía. Un hijo no debe crecer solo mientras los padres trabajan; mantenerlos así es la fórmula perfecta para que cualquier influencia negativa interfiera en su camino.

Un hijo necesita amor, respeto, aceptación y reconocimiento, y si en casa no tiene lo que necesita lo va a buscar afuera. Y lo que puede encontrar no siempre resulta lo mejor para su formación. Puede encontrar una maternidad o paternidad prematura, amigos ociosos que exploran la delincuencia, las drogas… y en el peor de los casos, pueden unirse a alguna pandilla en busca del calor familiar que no tienen en casa.

Los niños que reciben la guía de sus padres van a descubrir, desde pequeños, que existen muchas actividades positivas que les permiten desarrollarse en la dirección correcta.

Generalmente, las escuelas tienen actividades extracurriculares, deportivas y musicales, y cuando ya son mayores, se puede recurrir a los centros que se dedican especialmente a guiar a los jóvenes y que desarrollan múltiples actividades productivas que los mantienen activos.

Siempre hay que tener presente que por conseguir una cosa no debe descuidarse otra. Tus hijos necesitan más que un plato de sopa o un techo… necesitan que los guíes, necesitan tu mano, tu amor, tu comprensión. No eches a perder tu sueño: podría convertirse en una pesadilla.

 

 


 

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