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  • Edición impresa de Octubre 6, 2009.

TRIBUTO A RAFAELA ALVAREZ

“ No podemos buscar los logros para nosotros mismos olvidando el progreso y la prosperidad de nuestra comunidad. Nuestras ambiciones deben ser lo suficientemente amplias como para incluir las aspiraciones y necesidades de otros, por nuestro bien y el de otros”. - César Chávez.

Estamos en la celebración del Mes de Herencia Hispana, un mes que celebra nuestra herencia y cultura como gente orgullosa de sus cultura mixtas latinoamericanas. También honramos a la gente que ha contribuido al tejido mismo de quienes somos, como familia hispana. Honramos a personas como César Chávez, Ellen Ochoa, Nancy López Santiago, Santiago Iglesias, quienes han sido noticia y están registrados en la historia, pero también celebramos a los héroes desconocidos que han dado sus vidas sin necesidad de reconocimiento, gente como la Sra. Rafaela Alvarez.

Rafaela es mi amiga. Ella ha trabajado para empoderar a su familia, amigos y la mayoría de toda su “gente”. Ella ha vivido para buscar justicia para el trabajador migrante del campo, para enseñar a su familia la importancia del servicio a su ‘gente’, su raza, su ‘ethos’ y ella ha vivido para empoderar a la comunidad hispana a vivir su verdad, cualquiera que esta sea. Rafaela fue y aún es una mujer de verdad y fortaleza.

Rafaela vino al mundo inesperadamente y llena de energía, nació cuando su madre estaba visitando su familia en México, el 4 de octubre de 1935. Su familia es de Texas y ella fue la única nacida en México, por lo cual siempre ha estado muy orgullosa – ella era original. Se casó joven, con un militar, y vivió una vida de retos con él, pero se mantuvo fiel y comprometida con su familia. Rafaela crió 8 hijos mientras trabajaba en los campos y en muchos otros trabajos, se enfocaba en ayudar a la comunidad hispana. Su necesidad de ayudar a los más pobres entre los pobres provenía de su deseo de dar amor y yo creo, de recibirlo también. Ella fue una mujer directa, tenía que estar en un mundo de hombres, pero dio cada pedazo de sí misma a la persona y/o familia que requería cuidado y/o sanación.

La historia laboral de Rafaela muestra cuanto quería sanar, cuidar y educar a su comunidad. A comienzos de los 70, fue entrenada como Educadora Paramédica de Salud para trabajar con la comunidad de habla hispana. Después trabajó en planeación familiar y como especialista de cuidado prenatal y depués como trabajadora de alcance a la comunidad por parte del Departamento de Bienestar de Hidalgo. Su familia entonces migró a Indiana y trabajaron en Laporte. Pero ella no se mantuvo solo trabajando en el campo, rápidamente empezó a trabajar para el Centro Campesino donde se desempeñó como trabajadora de alcance a los trabajadores del campo. Después trabajó con el Proyecto de Alcance Consolidado de Centros de Salud de Indiana, asegurándose que ellos entendieran que tenían derechos de cuidado de salud y alimento, y que merecían viviendas sanitarias.

No solo demostró Rafaela su amor por la comunidad hispana a través de sus trabajos, sino también a través de su abogacía y su presencia en las líneas de piquetes de protesta a lo largo de los años 60s y 70s. Habló en contra del gobierno por la falta de derechos de los trabajadores del campo y a favor de los derechos de la Mujer (especialmente las mujeres abusadas). Estuvo nominada para un cargo por el precinto 7 de South Bend en 1972, con el concejo de Ciudades Modelo. Ella quería que su voz se oyera. Desafortunadamente no ganó, pero eso no la desanimó, ella continuó en su misión y dedicación a su comunidad. A menudo se le podía encontrar interpretando a las familias en los consultorios médicos, los tribunales, las oficinas del seguro social, etc. y esto sin pedir un centavo. Ella sabía cual era su llamado, por eso vive la palabra de Dios hasta este día.

Rafaela trabajó hasta que ya no pudo más (verano del 2008). Dió hasta el máximo todo lo que pudo. No lo hizo por el dinero, pues ciertamente no podía hacerse rica ayudando a los trabajadores migrantes del campo. Ella lo dió todo porque entendía y aceptaba lo que Dios quería de ella. Rafaela vivió dedicada a la gente. Ahora vive en una pequeña casa móvil en el lado Oeste de South Bend, Indiana, rodeada de sus 6 hijos que le quedan, 3 de ellos ya han fallecido, muchos nietos y biznietos, pero sobre todo, rodeada de nuestro amor y el amor de Dios. Ahora Rafaela está muy enferma pero aún me llama cuando alguien necesita ayuda y ella sabe que su “gordita” hará algo por ella. Ella es una inspiración, una heroína, una real representación de lo que celebramos en este magnífico mes de Herencia Hispana. Mil Gracias Rafaela.

 


 

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