Inicio

elpuentecolumnas

  • Edición impresa de Octubre 20, 2009.

colu102009f2La multinacional holandesa Trafigura tuvo que reconocer las mentiras con las que intentó ocultar los graves daños ecológicos que causó. Se vio obligada a aceptar un arreglo de compensación económica para unos 31,000 ciudadanos de Costa de Marfil que sufrieron en sus carnes los efectos del capitalismo globalizado del que hoy disfrutamos.

Todo empezó a fines de 2005, con unos correos electrónicos entre altos ejecutivos de la empresa dedicada a la comercialización de productos petrolíferos. La revelación de esos mensajes en un informativo de la BCC destruyó la tapadera con la que la multinacional había pretendido encubrir el asunto.

Una refinería estatal mexicana había puesto a la venta una gran partida de la llamada “nafta de coque”, una gasolina contaminada que no podía tratar en sus instalaciones. Esto fue descubierto por un directivo de la citada multinacional, que vio allí un gran negocio. La oficina londinense de la empresa confiaba en obtener unos beneficios de 7 millones de dólares por cada cargamento procesado. Pero para eso era preciso convertir el producto, al que en los mensajes se aludía como “mierda”, en algo vendible. Se decidió emplear soda cáustica para eliminar las impurezas sulfurosas.

Ese tratamiento tuvo lugar a bordo de un petrolero fondeado en aguas de Gibraltar, entre abril y junio de 2006, donde se mezcló el producto adquirido en México con soda cáustica y un catalizador. Pero ahí empezaron los problemas, porque como subproducto se obtenía un hediondo y peligroso desecho tóxico del que era preciso deshacerse. Los correos electrónicos prueban que los directivos de la empresa sabían lo que estaban haciendo. La empresa calificó a esos residuos de “agua sucia” y afirmó que eran como la mezcla de agua y petróleo obtenida cuando un petrolero lava sus tanques.

El buque fue rechazado por una compañía de Rotterdam, especializada en la eliminación de residuos tóxicos, que no tragó la mentira y exigió el pago de una elevadísima tarifa para procesar ese tipo de residuos. Se abrió un proceso judicial en Holanda contra la multinacional. Por último, el buque puso proa a Costa de Marfil, donde la carga fue trasvasada a los camiones cisterna de una compañía nativa que se prestó a la operación a precios irrisorios. Entonces se inició la terrible catástrofe medioambiental, pues los peligrosos residuos tóxicos fueron arrojados, sin más contemplaciones, en quince vertederos de los alrededores de Abiyán, la capital del país. Durante 2006, los hospitales de la ciudad no dieron abasto; miles de personas tuvieron que ser atendidas, y al menos doce murieron a causa de los elevados niveles de anhídrido sulfuroso.

La multinacional, sin aceptar responsabilidad alguna, indemnizó a las familias de los fallecidos en 2007 y contribuyó a la limpieza de lo contaminado. El empresario marfileño que esparció los residuos fue condenado en su país a 20 años de prisión; es el único encarcelado.

El viejo cóctel de aristocracia sin escrúpulos, dinero fácil y capitalismo global parece seguir haciendo de las suyas ya entrado el siglo XXI.

 

 


 

I Inicio I Locales I Internacionales I Nacionales I Columnas I Entretenimiento I Deportes I Clasificados I Publicidad I Escríbanos I Conózcanos I English Section I Advertise I Contact us I Archivo I Enlaces I

 

El Puente, LLC. ©

Locales
Internacionales
Nacionales
Columnas
Entretenimiento
Deportes
Clasificados
Conózcanos
Escríbanos
Publicidad
English Section
Advertise
Contact us
Archivo
Enlaces
Inicio Locales Internacionales Nacionales Columnas Entretenimiento Deportes Clasificados Conózcanos Escríbanos Publicidad English Section Advertise Contact us Archivo Enlaces