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  • Edición impresa de Octubre 19, 2010

Hungría teme otro derrame tóxico

Las alertas sonaron otra vez en Hungría. Nuevas grietas en la balsa de vertidos tóxicos amenazaban con liberar parte de los más de siete millones de metros cúbicos de lodo envenenado y desencadenar un gigantesco derrame.

“La situación es muy grave. No queremos crear grandes esperanzas”, declaró el primer ministro, Viktor Orbán, en una conferencia de prensa en Ajka, ciudad próxima a la balsa que se rompió. Orbán consideró “muy probable” que uno de los muros de la presa se rompa y cause un nuevo vertido de barro rojo, por lo que los 715 habitantes de Kolontar (el pueblo más afectado) fueron desalojados.

La empresa MAL aluminium lleva más de 50 años depositando en la balsa el fango rojo que queda como desecho al fabricar aluminio. La balsa es gigante (tiene una capacidad de unos 7,5 millones de metros cúbicos). Cuando se rompió por una esquina uno de los muros de la balsa, vertió alrededor de un millón de metros cúbicos del líquido alcalino que se queda encima del fango. Ese líquido rojo es tremendamente abrasivo y es lo que quemó a familias enteras.

Pero después de la primera riada queda mucho. Orbán explicó que han aparecido “múltiples grietas” en uno de los muros y que hay fugas: “Esto confirma que hay una probabilidad real de una ruptura y de que caiga la pared entera”. El Ejecutivo húngaro calcula que el nuevo vertido sería de medio millón de metros cúbicos, la mitad que el anterior. Orbán detalló que ignoran la composición exacta del barro -análisis encargados por Greenpeace detectaron arsénico y mercurio en niveles más allá de lo normal- y empezaron a tomar muestras del interior con helicópteros.

El primer ministro se puso severo con la empresa causante del vertido, y anunció que la planta deberá afrontar “duras consecuencias”. MAL, empresa del orgullo socialista y privatizada en los años noventa a un millonario húngaro, solo ha dispuesto 200,000 euros como compensación y pide reanudar ya la producción de aluminio, suspendida por el Ejecutivo.

Ante el riesgo, los 715 habitantes de Kolontar, solo unos kilómetros aguas debajo de la balsa, fueron desalojados. El siguiente pueblo tras Kolontar aguas debajo de la presa es Devecser. Sus 7,000 habitantes recibieron la orden de tener todo guardado en una bolsa por si tenían que salir corriendo.

El Ejército construye además cuatro muros de piedra para intentar salvar medio pueblo de Kolontar (el otro medio se da por perdido) si el barro llega. El problema, como explica el director de WWF en Hungría, Gábor Figeczky, es que el barro que queda en la balsa es más estable que el líquido que ya salió, pero, a su vez, si hay un escape y esa enorme cantidad de lodo se pone en marcha será casi imposible detenerla.

Mientras tanto, la mancha roja ya alcanzó las aguas del Danubio, aunque las autoridades insisten en que el nivel de PH de las aguas es cercano al normal y que no hay peligro de que el río se contamine.

 

 


 

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