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  • Edición impresa de Octubre 19, 2010

Un necesario cambio de conciencia

Las más de mil millones de personas afectadas por el hambre en el mundo podrían tener cubiertas sus necesidades mínimas de alimentos con un presupuesto anual de 30,000 millones de dólares, según estimaciones de la FAO.

Al mismo tiempo, se calcula que el paquete financiero de ayuda a la banca privada internacional, luego de la crisis del 2007 y hasta la fecha, ha superado la poco comprensible suma de 17 billones de dólares (17 millones de millones).

Comparando estas cifras, haciendo una simple división, nos indicaría que el dinero utilizado para salvaguardar los intereses de los bancos durante estos dos años, sería suficiente como para paliar el hambre en todo el planeta durante, al menos, los próximos 500 años.

¿Cuál es entonces la lógica utilizada para semejante y desproporcionada resolución? Lo que se ha intentado salvar no son los bancos, ni las instituciones financieras internacionales. Es, ni más ni menos, que el sistema capitalista. Y esto a un costo tan incalculable como obsceno en vidas humanas. El dinero nunca alcanza para las necesidades básicas de los más pobres. Pero siempre está a mano cuando el sistema lo necesita para su propia supervivencia.

Así de cruel, así de injusto es este sistema que decide con una lógica economicista, sobre las personas y sobre todo ser vivo que habita el planeta. Así de necesario es el cambio que debemos hacer en nuestras conciencias individuales, para luego generar un estado de conciencia colectiva, como especie, que haga imposible semejante locura.

Las tres crisis por las que estamos atravesando, la económico- financiera, la energética y la ambiental, confluyen en una, la de un sistema que por sus características predadoras está colisionando tanto contra los límites de la Tierra para generar recursos y absorber deshechos, como contra los propios límites éticos de la conciencia humana. Estamos ante la crisis terminal del sistema capitalista.

Esto no significa necesariamente que en poco tiempo veremos un gran cambio en la forma en la que nos relacionamos entre nosotros, ni con los demás seres vivos, ni con la propia naturaleza. Sino que estamos ante una oportunidad para avanzar sobre ese cambio, para terminar de empujar hacia el abismo a estos cientos de años en los que nos hemos equivocado tanto que estamos a punto de autodestruirnos como especie. Estamos ante una oportunidad, tal vez la única que tendremos, de empezar de nuevo.

El primer paso es ese cambio de conciencia. Si nos animamos a darlo, si nos proponemos y nos ocupamos de expandirlo, si logramos globalizarlo, una gran parte de los problemas estarán resueltos.

 


 

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