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  • Edición impresa de Octubre 4, 2011

Una vez más el país celebra el Mes de la Herencia Hispana. En salones, calles y recintos se festeja la cultura, el idioma y el folklore de la minoría más grande del país.

El aporte de los hispanos es fundamental para el crecimiento y desarrollo de Estados Unidos. Eso es indiscutible.

“Estados Unidos es más rico y vibrante gracias a las contribuciones de los hispanos y durante el Mes de la Herencia Hispana celebramos el inmensurable impacto que han tenido en el país”, dijo el presidente Barack Obama al dar inicio oficial a la celebración, indicando que “el futuro de Estados Unidos está ligado al futuro de nuestra comunidad hispana”.

El presidente destacó, además,  el fuerte compromiso de los hispanos con los valores familiares y sus palabras, nada alejadas de la realidad, me hicieron pensar que más allá de las pomposas celebraciones y del desfile de estrellas que las acompañan, la celebración además de ser una invitación al disfrute de lo que somos como comunidad, ha de ser también una invitación a la reflexión.

Durante el Mes de la Herencia Hispana se destacan año tras año las virtudes y los logros de los grandes artistas, científicos, escritores y demás. Pero la fiesta, para ser fiesta, ha de ser del pueblo.

En este tiempo debemos celebrar también  la fortaleza de las madres que cada día dan lo mejor de sí para sacar adelante a sus hijos, el valor de los padres que priorizan a sus familias y con su ejemplo siembran en sus hijos los valores que los harán personas de bien.

En este tiempo debemos celebrar también a los millones de trabajadores honestos que con su esfuerzo construyen país todos los días y a los estudiantes que se esfuerzan por superar barreras legales, culturales y lingüísticas para llegar a donde están sus sueños.

Y en este tiempo no sobra preguntarnos, realmente, como individuos, como cónyuges, como padres de familia, como miembros de una comunidad: ¿cuál es nuestro aporte?; ¿estamos realmente dando lo mejor de nosotros mismos?; ¿estamos invirtiendo tiempo de calidad en nuestros hijos?; ¿estamos al tanto de su rendimiento en la escuela?; ¿hemos construido con ellos una buena comunicación?; ¿sabemos quiénes son sus amigos y cuáles son sus sueños?; ¿trabajamos diariamente por mejorar nuestra relación de pareja?; ¿estamos orgullosos del modelo de familia que hemos construido para nuestros hijos?

Y en nuestra comunidad, ¿hacemos algo por fortalecerla?; ¿cuidamos nuestros espacios públicos?; ¿reciclamos?; ¿respetamos los espacios de los demás?

Sí, la celebración de nuestra herencia hispana debe, además, ser un momento para la reflexión. Siempre podemos encontrar una excusa para ser mejores y esa seguramente será una muy buena excusa.

Feliz Mes de la Herencia Hispana.

 

 

 


 

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