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  • Edición impresa de Octubre 4, 2011

• México del Norte • Las matemáticas de Obama

“No es lucha de clases”, dijo Barack Obama hace unos días cuando propuso al congreso de Estados Unidos una reforma fiscal profunda que incluye el recorte de gastos del gobierno federal (léase recortes a los servicios sociales, básicamente), a cambio de aumentar los impuestos de los más ricos. “Tenemos una de las tasas impositivas más altas del mundo, pero que está llena de excepciones para quienes más dinero ganan”, dijo el presidente, “es una cuestión de matemáticas”.

La bronca es que quién sabe qué tipo de matemáticas usa el presidente cuando propone estas cosas. Y como siempre, el diablo está en los detalles.

Ganar tiene muchos posibles significados, como “ganarse el pan con el sudor de su frente” o “ganarse algo en una rifa”. En el caso de la propuesta de impuestos de Obama, se refiere a la primera categoría, a lo que uno “gana” trabajando. Dice que, mientras más gane uno, más impuestos debe pagar. Suena bien padre, ¿no? ¡Los pobres pagarían bien poquito y los archimillonarios un chorro!

Pues no.

La trampa está en que los archimillonarios “ganan” dinero con inversiones, no en salarios. Los ejecutivos con salarios más altos en el país no ganan más que unos cuantos millones de dólares al año, pero “ganan” cientos de millones por sus acciones y tranzas en la bolsa de valores y por ser dueños del 90% del planeta. Y la mayoría de las ganancias de esas inversiones están libres de impuestos o casi no pagan nada.

Para ilustrar el caso, van unos números: el texano Michael McCaul gana 140 mil dólares en salarios anuales, pero tiene una fortuna de 287 millones de dólares. Jim Renacci, de Ohio, también se embolsa 140 mil dólares al año en salarios pero tiene acumulados 35.9 millones en inversiones, casas y otras cositas. Y Richard Blumenthal, de Connecticut  tiene 54.9 milloncejos.

Otro millonario, Kevin Bogardus, ganó el último año otros 140 mil dólares en salarios, pero 60 millones por inversiones en bienes raíces en California y en una compañía de sistemas de seguridad para automóviles.

Otro más, John Kerry, se vio pobre. Solamente aumentó su riqueza en 5 millones de dólares, pero es que bajó sus deudas financieras de 44 a 39 millones, así que tiene una fortuna total calculada en 232 millones de dólares, entre otras cosas gracias a su esposa, la heredera de la marca Heinz de mostazas y mayonesas.

¿Le suenan conocidos los nombres? A la mejor será porque todos son senadores o congresistas, demócratas o republicanos, y su trabajo es precisamente votar por propuestas como la de Obama. Nomás entre los 50 más ricos del Congreso, se echan un total de 1,600 millones de dólares en sus fortunitas personales.

En resumen, otro punto malo para don Barack, que ya debe olvidarse de las matemáticas. Parece no saber ni la aritmética simple para saber cuántos millonarios tiene en el Congreso y que nunca jamás votarían por aumentarse los impuestos ellos solitos.

 


 

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