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  • Edición impresa de Octubre 2, 2012

América Latina y El Caribe 500+20; ahora hay algo para festejar

El 12 de octubre de este año se cumplirán 520 años del llamado descubrimiento de América, o de la Conquista de los pueblos originarios, o del comienzo de la esclavitud de esos mismos pueblos. Lo llamemos como lo llamemos, lo cierto es que veinte años atrás, la España Borbónica se preocupaba por venir a Nuestra América para “festejar” el encuentro de dos civilizaciones, como se dio en llamar por entonces.

Por entonces los españoles vinieron para “ayudarnos” y enseñarnos a explotar nuestro petróleo, nuestro gas, nuestra energía, nuestras comunicaciones, nuestros bancos, nuestros transportes y hasta nos ayudaron a destruir nuestras armas estratégicas.

Hace 500 años saquearon nuestras riquezas por la fuerza; cinco siglos más tarde vinieron enmascarados detrás del pirata inglés, como ejecutores del armisticio firmado tras la batalla de Malvinas. Pero les daba vergüenza asumir ese rol. Por entonces nos llenaron de homenajes, canciones, poesías y hasta monumentos para engalanar nuestras avenidas y dejarlos como mudos testigos de sus gestos de amistad y grandeza para con nuestras naciones.

Pero los pueblos siempre son sabios y desde el silencio, los 500 años que debían servir como bisagra de la historia, para olvidar los martirios atroces del pasado, se transformaron en la base de construcción de las nuevas formas de organización y resistencia.

Casi sin darnos cuenta, todos aquellos que veníamos levantando nuestras voces de manera individual, desorganizada, comenzamos a encontrarnos, a visualizarnos entre nosotros. Cuando promediaba la última década del siglo XX, aunque soñábamos, no pensamos que estaríamos veinte años más tarde tanto más reunidos y organizados.

Se necesitaron 20 años para que pudiéramos ver el comienzo del camino a recorrer para la concreción de nuestras luchas. La primavera que viven ahora la mayoría de las naciones de nuestro continente no es fruto de los gobernantes y funcionarios de hoy; sin todos los luchadores anónimos, los triunfos del presente no hubieran sido posibles.

Por eso pensamos que 500 años son demasiado, 20 años marcan el camino y con 30 años más sumaremos los 50 que, como señalan las antiguas escrituras, en los años jubilares se necesitaban para reparar los daños y hacer descansar la tierra. Ellos emplearon 500 años para destruirlo casi todo, comenzando por la vida. Nosotros tan solo necesitaremos la décima parte de ese tiempo para detener la destrucción de la Madre Tierra y honrar la vida.

Ayer, a los 500 años, afirmábamos que no había nada para festejar. Hoy, veinte años más tarde, desde nuestra América podemos decir que hay algo para festejar. “Festejemos La Esperanza”, por la Nueva América que estamos construyendo, desde las luchas de nuestros pueblos.

 

 


 

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