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  • Edición impresa de Octubre 1, 2013

La reforma migratoria sigue viva, pero quieren aniquilarla

Si el proyecto migratorio bipartidista del extinto Grupo de los Siete de la Cámara Baja nunca vio la luz del día, ¿por qué su disolución habría de significar el fin de la reforma migratoria?

Honestamente ya muy pocas personas tomaban en serio las posibilidades reales de que el grupo finalmente presentara su eternamente anunciado proyecto. Los últimos dos en saltar del barco fueron los republicanos de Texas, John Carter y Sam Johnson, quienes ofrecieron una de las excusas más absurdas para justificar su huida.

La reforma migratoria, según la explicación de estos legisladores, es víctima de la reforma sanitaria, porque como el presidente Barack Obama decidió retrasar la implementación de algunas de las cláusulas del Obamacare, entonces no le darán al mandatario ningún proyecto migratorio para promulgar, porque supuestamente después no aplicará las leyes debidamente.

La disolución del Grupo de los Siete es otro ejemplo de legisladores que claudican de sus responsabilidades.

Y sí, es otro escollo para la reforma migratoria, pero no es el fin del camino.

Primero, porque hay congresistas de los dos partidos que todavía pueden rescatar el proceso.

Y, en todo caso, la disolución del G7 supone que todas las máscaras quedan fuera. Ahora la negociación es abierta. Por eso, si así lo determinan, los demócratas pueden impulsar un proyecto de ley con el cual enfilar los cañones para presionar debidamente al liderazgo republicano.

Es que existen los votos para aprobar el plan que refrendó el Senado en junio con una mayoría simple de 218 votos. Hay unos 195 demócratas en favor de una reforma con vía a la ciudadanía y hay más de una veintena de republicanos que también la apoyan.

Dos comités camerales han avanzado cinco proyectos de inmigración, casi todos punitivos, y ninguno aborda qué hacer con los 11 millones de indocumentados. El presidente del Comité Judicial, Bob Goodlatte, republicano de Virginia, asegura que hay más en puerta y que de los ya aprobados, algunos podrían llegar al pleno próximamente.

Por eso la comunidad y los grupos pro inmigrantes deben continuar presionando por esa legalización con vía a la ciudadanía que verdaderamente ataje el problema y no lo deje a medio resolver.

Pero aunque hay oportunidades, también hay peligros.

Con un calendario apretado y con elecciones de medio tiempo cerca, para muchos puede ser muy tentador seguir sacando ventaja política del tema migratorio: los republicanos para apostar a su crecientemente reducida base ultraconservadora y seguir negándole logros legislativos a Obama; los demócratas para culpar a los republicanos de inacción con sueños de mayoría cameral en mente.

No hay que bajar la guardia porque la disolución del Grupo de los Siete no ha matado la reforma, pero ofrece más excusas para quienes quieren aniquilarla.

 

 


 

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