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  • Edición impresa de Octubre 6, 2015

Hay muchas cosas importantes de que hablar pero mi corazón y mi mente están en otro lugar.

Mi madre falleció el pasado viernes y decidí parar y darme tiempo de recordar y estar con la familia.

Mientras hablaba con mi hermano, él me contó una historia que deseo compartirles hoy.

Los tres últimos deseos de Alejandro el Grande.

Después de conquistar muchos reinos, Alejandro retornaba a casa. En su camino de vuelta, él enfermó y esto lo llevó a la muerte. Cuando encaraba la muerte, Alejandro cayó en cuenta que sus conquistas, su gran ejército, su temida espada y toda su riqueza no valían nada.

El quería ahora llegar a casa y ver el rostro de su madre para decirle adiós pero tuvo que aceptar el hecho de que su salud no le permitiría llegar pues quedaba en un lugar lejano. Entonces el gran emperador, postrado en cama, luchaba por sus últimos respiros. El llamó a sus generales y dijo: “Pronto partiré de este mundo y tengo tres últimos deseos, los cuales quiero que cumplan sin falta”. Con el llanto corriendo por sus mejillas, los generales prometieron cumplir los últimos deseos de su rey.

“Mi primer deseo “dijo Alejandro, es que solo mis médicos carguen mi ataúd.”. Después de una pausa, continuó: “Segundo deseo que cuando lleven mi ataúd hacia el cementerio, se esparzan oro, plata y piedras preciosas que he recogido en mi tesoro”. Después de decir esto el rey quedó exhausto , por lo cual se tomó un tiempo y continuó: “ Mi tercer y último deseo es que mis dos manos queden colgando por fuera de mi ataúd”.

Aquellos que le rodeaban se preguntaban cual era la razón de los extraños deseos del rey pero ninguno se atrevía a preguntar . El general favorito de Alejandro se aproximó y besando su mano, dijo: Oh Rey, te aseguro que todos tus deseos serán cumplidos pero por favor, dinos por qué haces tan extraños deseos? A esto, Alejandro respondió: Deseo que el mundo sepa las tres lecciones que yo acabo de aprender.

Deseo que mis médicos carguen mi ataúd para que la gente caiga en cuenta que Ningún médico en la tierra puede en realidad sanar a persona alguna. No tiene poder alguno ni pueden salvar a las personas de las garras de la muerte. Por lo tanto, que la gente no tome la vida a la ligera.

El segundo deseo de esparcir oro, plata y otras riquezas en el camino al cementerio, es para decir a la gente que “Ni una fracción del oro vendrá conmigo. Pasé toda mi vida con ambición por el poder, ganar riquezas pero no puedo llevar nada conmigo. Que la gente se de cuenta que es una pérdida de tiempo perseguir las riquezas.

Y acerca de mi tercer deseo de tener mis manos colgando de mi ataúd, es porque deseo que la gente sepa que llegue al mundo con las manos vacías y con las manos vacías me voy de este mundo.

Con estas palabras el rey cerró sus ojos y pronto la muerte le conquistó al exhalar su último suspiro.

 


 

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