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  • Edición impresa de Octubre 20, 2015

La Columna • El Bullying es asunto de todos

Mirar para otro lado o aparentar que no existen ciertos tipos de violencia sólo empeora el problema. A la hora de proteger a los menores que son victimizados, todos debemos responder: padres, educadores y los adultos en general.

Muchas veces las exigencias laborales y la falta de tiempo nos impiden acercarnos a nuestros hijos o a los jóvenes de nuestro entorno para descubrir que algo está fallando. Es importante que identifiquemos señales que indiquen que algo está mal.

El bullying es un acto de agresión intencional repetitivo que se presenta cuando hay un desequilibrio de poder entre los implicados. Causa dolor y angustia y afecta el desempeño físico, social y psicológico de la víctima, que puede incluso llegar al suicidio. Hasta el mismo cyber–bullying, es decir, el asedio a través del Internet o las redes sociales, es un problema  que no se detiene.

De acuerdo con datos de los Centros de Control de Enfermedades obtenidos mediante una encuesta realizada en el 2013, el 20 por ciento de los estudiantes de secundaria en Estados Unidos habían sido víctimas de bullying. La cifra es preocupante si se piensa en las secuelas que la violencia puede dejar y los vínculos del fenómeno con el suicidio. Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Yale sostiene que los jóvenes víctimas de este tipo de violencia son entre 2 y 9 veces más propensos a considerar el suicidio.

Debemos, como padres y amigos, estar atentos a señales que pueden incluir signos de depresión, tristeza continua, aislamiento, pérdida de interés en actividades que solían ser importantes o  problemas de sueño o apetito.

Las personas que consideran quitarse la vida como una opción pueden hablar de ello, llegar a despedirse o involucrarse en actividades potencialmente dañinas. Por eso, un hogar funcional y amoroso en el que la comunicación sea constante es el mejor antídoto contra el bullying.

Adolescentes o niños con valores, que creen en sí mismos y confían en sus seres más cercanos son menos vulnerables a ser victimizados; y si lo son, podrán acceder más fácilmente a las fuentes de apoyo.

Es evidente que las escuelas juegan un papel crítico, pero la tarea es de todos: padres y adultos debemos ser veedores del trabajo de las escuelas y acompañarlas en su labor contra este flagelo.

Los comportamientos violentos no son normales ni son parte del desarrollo natural del ser humano, como algunos creen. El bienestar de nuestros jóvenes y niños debe ser responsabilidad de todos.  

 


 

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