Día de Muertos, tradición mexicana

Por Enrique Oliva

Existen diversas culturas alrededor del mundo que rinden culto a la muerte; la Egipcia, la China, la Arabe y en el continente Africano, pero sin duda la Azteca es la que posee una relación más estrecha con la muerte. No en vano la novela mexicana más famosa "Pedro Páramo" de Rulfo, es protagonizado, por muertos y almas en pena, "Muerte sin Fin", de José Gorostiza es el poema mexicano por excelencia del siglo XX. El grabador reconocido por sus mofas a la muerte, José Guadalupe Posada hizo gala de su ingenio al burlarse de la misma, "La Llorona", aquella mujer cuya alma en pena reclama a sus hijos en el México del siglo XV sigue siendo la leyenda más famosa en nuestro país.

Ell verso de "..Comienza siempre llorando y así llorando se acaba, por eso es que en este mundo la vida no vale nada.." de José Alfredo Jimenéz en su canción "Caminos de Guanajuato", retrata de manera concreta el sentir de los mexicanos y quizas después del Día de la Virgen de Gudalupe y el día de la Independencia, los días 1 y 2 de noviembre son las fechas más celebradas en todo el país.

Los mexicanos, desde sus origenes han tenido una relación muy estrecha con la muerte, que se desarrolla sobre todo en Tehotihuacán (con su principal avenida "la calzada de los muertos)y abarca la mayoría las culturas prehispanicas (Mexicas, Zapotecas, Toltecas,

Totonacas, Tlaxcaltecas, entre otros). Con la llegada de los Españoles, viene con ellos una serie de costumbres y celebraciones como la del Día de los Fieles Difuntos, (instaurada por el papa, Gregorio IV en el año 835), que se mezcla con la celebración de los pueblos indigenas que festejaban en Agosto a sus muertos y el ciclo final agrícola del maíz, frijol, la calabaza y el garbanzo.

La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. Nuestras canciones, poemas, tradiciones, refranes populares manifiestan de manera inequivoca que: La vida no nos asusta, pues "estamos curados de espanto".

Hay toda una verbena popular en los cementerios (comúnmente llamados "pan-teones"), donde los olores de la flor de cempasúchill la flor afelpada, el alhelí, combinados con el copal, el pan de muerto, las calaveritas de azúcar, la calabaza de tacha y el majestuoso ritual en lugares como Patzcuáro, Mixtic, Actopán, Iztapalapa, Tlacotalpán, por mencionar algunos de los lugares donde se sigue rindiendo tributo a los fieles difuntos como hace siglos lo hacian nuestros antepasados.

El Día de Muertos como culto popular es un acto que nos lleva al recogimiento, a la oración, al recuerdo, a la fiesta, a la reunión, sobre todo esta, donde los muertos deambulan y hacen sentir su presencia cálida entre nosotros.