Somos lo que comemos

María José Atiénzar

"La biodiversidad mundial está en peligro y ello podría comprometer seriamente a la seguridad alimentaria mundial", declaró Jacques Diouf, Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ante el Día Mundial de la Alimentación, que se celebra el 16 de octubre de cada año. Con el lema para 2004 "La biodiversidad al servicio de la seguridad alimentaria" se destaca la importancia de la biodiversidad para garantizar a todas las personas el acceso sostenible a una alimentación que favorezca la vida activa y saludable.

La FAO estima que en los últimos 100 años se han perdido unas tres cuartas partes de la diversidad genética agrícola, y de 6.300 especies animales, 1.350 corren peligro de extinción o ya han desaparecido. Con ello, la oferta de alimentos se vuelve más vulnerable.

Hay grandes regiones y culturas cuya alimentación se basa en el maíz, en el trigo, en el arroz, en la patata, en el cacao o en la mandioca. Sus tradiciones, actividades y cosechas, sus cuentos y expresiones artísticas tienen siempre presente ese elemento esencial.

Un patrón de “dieta recomendable” no siempre es adecuada para todos. De hecho, la invasión de nuevos modos y costumbres resulta perjudicial para los pueblos. El organismo se acomoda a digerir los elementos nutritivos y las proteínas vegetales de una alimentación habitual y sufre trastornos digestivos si se le agrede con cosas extrañas como salsas muy condimentadas o alimentos refinados y pre cocinados. Los pueblos que van entrando en esos malos hábitos incrementan la obesidad, las enfermedades crónicas, vasculares, el cáncer o la diabetes.

Es posible incluso “la ayuda negativa”, cuando se envían toneladas de leche en polvo a comunidades campesinas que llevan siglos ordeñando sus cabras. Al cabo de unas semanas, ya no ven tan necesario levantarse temprano para obtener la leche, y cambian su costumbre. Porque alimentarse no es sólo comer. La nutrición conlleva un ambiente, un ritmo, un ritual. No es igual comer de pié y con prisas, como un ejecutivo de horario saturado, que sentarse junto al fuego, o en la cocina de una familia donde todos comparten el alimento y la palabra.

En los países industrializados el 90% de los alimentos de origen animal procede de tan solo 14 especies de mamíferos y aves y el 50% de la energía de origen vegetal que ingerimos procede del trigo, el maíz, el arroz y la patata.

La Tierra produce alimentos para una población mundial de 10.000 millones de habitantes, cuando somos algo más de 6.000 millones. Hay comida para todos, pero se distribuye de una forma desigual e injusta. La FAO nos recuerda que más de 840 millones de personas siguen padeciendo hambre en todo el mundo y muchos más sufren carencias nutricionales. Hasta ahora, los esfuerzos mundiales no han bastado para alcanzar uno de los objetivos del Milenio, de reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre para el año 2015.

Una alimentación saludable es semilla de un futuro sin enfermedades y la biodiversidad es clave en la lucha contra la malnutrición.