El Sur visto desde el Norte

Por Ana Delicado Palacios / CSC

EEUU, la Unión Europea y Japón controlan el 90% de la información de todo el planeta. En 1980, cuatro de cada cinco mensajes provenían de EEUU. La situación es similar ahora, pero con un mayor monopolio de las nuevas tecnologías. Se destaca lo que interesa, aunque no se corresponda con la realidad.

Si un periódico de Yaundé (Camerún) quiere saber quién ha ganado las elecciones en Banghi (en la vecina República Centroafricana), debe enterarse a través de las agencias France Press o Reuters, ambas europeas. Una noticia sobre lo que sucede en Ghana viaja primero a Londres antes de llegar a los diarios de Nigeria. Los sucesos de la guerra de Vietnam eran recibidos por su vecina Malasia a través de las agencias de Londres y Nueva York.

El Sur es modelado según los intereses del Norte. Los conflictos que conviene resaltar se colocan en el punto de mira internacional. Mientras que las guerras que libra el Sur se presentan como irracionales y violentas, las del Norte siempre son guerras humanitarias, limpias, guerras sin muertos.

La fijación del pensamiento único impuesto desde el Norte redunda en la concepción de un único mundo posible, con un único sistema económico viable. Con él se distorsiona la realidad del Sur y se globalizan los valores de la sociedad de mercado.

Frente a la situación que difunden los medios de comunicación, la publicidad nos seduce con otra imagen del Sur: playas paradisíacas y gente amable para disfrutar de unas vacaciones de ensueño. El Sur es víctima de estos dos extremos que convierten su realidad en una caricatura deformada por intereses políticos y sociales.

El actual orden mundial informativo defendido por las grandes multinacionales corresponde a la teoría del free flor, donde se propone que la información esté en manos de empresas privadas para garantizar la libertad de información frente al control estatal.

En 1980, la Unesco quiso variar ese imperialismo informativo. Elaboró el Informe Mac Bride bajo el título: “Un sólo mundo, voces múltiples”. La información no era mercancía, sino un bien social. Se apostaba por una mayor participación de las ONG, sindicatos y universidades en los medios de comunicación. EEUU, junto a Gran Bretaña y Singapur, acusaron a la Unesco de querer restringir la libertad de prensa y la iniciativa privada y de predicar consignas prosoviéticas.

En estos veinte años, después de aquel intento de democratizar la información, las fusiones entre las empresas de comunicación y el poder de las nuevas tecnologías ha incentivado la marginación del Sur. Internet ha hecho posible la creación de redes alternativas, pero también se ha incrementado la desigualdad. El 20% más rico de la población acapara el 93% de los accesos a Internet, frente al 20% más pobre, que accede a 2 de cada 100 líneas.

Los retos de información deben convertir a la sociedad civil en protagonista del proceso informativo para estimular el mestizaje y preservar la diversidad de las culturas. La información no debe ser un arma contra los pueblos del Sur, sino una proyección de su realidad.