Bush y casi 60 millones de razones para no dormir tranquilos

Carlos Aznárez

Finalmente los peores vaticinios acertaron en el blanco: ganó Bush. Casi 60 millones de votantes que apostaron a su discurso de terror, están festejando. Lo paradójico es que esto mismo se podría decir si el ganador fuera Kerry ­votado por casi 53 millones de personas­, ya que el discurso de ambos candidatos se anunciaba como letal para buena parte de la humanidad.

La mal llamada democracia norteamericana se da el gusto de mandar observadores ataviados con mil disfraces a otros procesos electorales que ocurren en el mundo, mas no existe rubor a la hora de ocultar las maniobras fraudulentas en territorio estadounidense.

Sumando opiniones y reflexiones es notorio que una cosa es el gobierno y otra muy distinta el pueblo de EU. Más de 110 millones de personas (sobre un total de 143 millones que estaban en disponibilidad de votar) eligieron las propuestas de seguir masacrando a los pueblos de Irak y Afganistán, entre una enorme suma de políticas de destructiva intervención.

Ganó Bush y también lo hizo el lobby sionista que lo sostiene en cada una de sus acciones de apoyo al criminal premier israelí Sharon. Perdió Kerry y el lobby sionista que también repartió millones de dólares en su canasta electoral, sabe que cuenta con un aliado de hierro a la hora de entorpecer cualquier salida de autodeterminación del pueblo palestino, a la sazón el invadido, el agredido, el desterrado, pero jamás el vencido.

Ganó Bush y seguramente hará valer esos 60 millones de votos para seguir ajustando la cuerda del embargo criminal al pueblo y al gobierno de Cuba Revolucionaria. Claro que si hubiera ganado Kerry, el bloqueo no hubiera cesado, puesto que muchas de sus estrategias hacia la Isla también la escriben y dictan sectores del recalcitrante mundo de la mafia cubana en La Florida.

El triunfo es de Bush, quien en su primer día del gobierno anterior revivió la Ley Mordaza. El hombre que retiró, arbitrariamente, los recursos estadunidenses para apoyar los programas de salud reproductiva impulsados en los países pobres desde el Fondo de Población de las Naciones Unidas, poniendo en riesgo con ello, la vida de millones de mujeres de Asia, África, América Latina y el Caribe. Bush, recuerde, el que ha negado apoyo financiero gubernamental a aquellas organizaciones que trabajan en contra de la pandemia del VIH-SIDA y que brindan la opción de abortos legales para las mujeres que viven con el virus y quedan embarazadas.

Bush, el que se esforzó en dictar leyes persecutorias, racistas y discriminatorias contra la inmigración mexicana y centroamericana. Bush, el hombre que se jacta de llevar hasta las últimas consecuencias su idea de aplicar la pena de muerte a una mayoría de presos negros o hispanos.

Por todo ello y por una extensísima lista de afrentas, agravios y acciones despóticas contra la humanidad, es importante definir claramente de qué estamos hablamos cuando mencionamos el concepto de "pueblo norteamericano". Así, crece hoy el "pensamiento Bush", más potente que nunca.

Quien no tenga la sensación de que la humanidad ha vuelto a retroceder, no podrá comprender las graves consecuencias que encierra este proceso comicial que ha concluido en los Estados Unidos. Mal que nos pese, los más de 110 millones de Bush o Kerry son demasiados para que no estemos intranquilos.