SERIE PANDILLAS D: Buscar una salida

Existen elementos en los que apoyarse para una acción desde lo cultural, con el objetivo de hacer retroceder los conflictos generados por las pandillas. Sacarlos de la clandestinidad e integrarlos a la sociedad y permitir que aporten desde sus valores y símbolos.

Apoyarse en los liderazgos existentes. Y en la capacidad de convocatoria que los grupos tienen. Su organización en red instrumento formidable.

Aprovechar el respeto a la autoridad y al orden jerárquico que los jóvenes viven en sus organizaciones puede derivar en liderazgos grupales si se realiza un trabajo adecuado.

La creatividad demostrada en sus vestidos, bailes y pinturas puede proporcionar los elementos para generar propuestas creativas en cerámicas, decoraciones, electrodomésticos, zapatos, bisutería.

La generación de espacios propios donde puedan demostrar sus habilidades les daría la posibilidad de salir de la clandestinidad y hacerse visibles desde la propuesta y no desde la confrontación.

La capacidad de adaptación, de asumir los riesgos, puede llevar a actividades lúdicas técnicas ligadas al diseño y al marketing.

El sentido de lo erótico, del valor y la expresividad del cuerpo puede llevar a nuevas formas de relación en un mundo competitivo del que la caricia está ausente y la ternura desterrada.

Hay que rescatar el aspecto y valor de los afectos que la pandilla tiene con sus miembros. Hay que encontrar el valor político de la ternura la democracia es el ejercicio de la caricia social.

Pese a la gravedad de los acontecimientos, es preciso articular consensos mínimos, representativos de diferentes sectores, incluyendo las propias pandillas u organizaciones de juventud, que puedan crear instancias de mediación y reconciliación que promuevan la reconstrucción de las comunidades en conflicto. Para lograrlo, se precisa alcanzar al menos dos objetivos básicos:

Definir un programa nacional, con los recursos necesarios, de reconstrucción comunitaria (barrial) y reinserción de los pandilleros en actividades productivas, educativas y sociales.

Construir una cultura de paz, nuevas alianzas o redes cívicas, imaginativas y solidarias, a las que deben contribuir las comunidades, escuelas, iglesias, medios de comunicación y los propios jóvenes.

Por desgracia, los medios de comunicación son las primeras vitrinas de socialización de la violencia a la que se asoma la niñez. A través de los medios, se constata que la sociedad que rodea a los pandilleros se maneja bajo un modelo que propicia una mayor exclusión social y una inversión de valores negativa.

El territorio que cada grupo marca como suyo excluye a las bandas rivales, quienes entran en ese territorio pueden provocar enfrentamientos graves.

El líder es aquel que ha demostrado mayor agresividad y aguante, puede ser que haya estado varias veces preso, eso agrega méritos a su capacidad de resistencia y lo hace un conocedor de la vida. Hay un solo líder por grupo, los demás son subalternos.

Los integrantes de los grupos conocen la manera de conseguir las armas que muchas veces provienen de las instituciones encargadas de usarlas para cuidar el orden. Y ellos lo saben, de ahí su menosprecio a los cuerpos de seguridad públicos.

Las bandas son comunidades emocionales, especialmente para los varones, escudados como están en la imagen del macho fuerte y agresivo.