Hoy me encuentro escribiendo antes de la celebración del día de muertos en Estados Unidos, la próxima celebración del Día de Acción de Gracias y a 54 días de la Navidad; y no puedo evitar pensar que estoy escribiendo desde la tierra del descontento. Damos gracias entre dos celebraciones completamente distintas y no estamos agradecidos por nada.

Esta es la tierra donde a usted siempre se le está invitando a obtener más. El “Sueño Americano”, así como la “Alianza para el Progreso”, es una propaganda continua acerca de adquirir más. No importa que usted emplee la mayor parte de su vida para obtener un logro mayor ( usualmente asociado a ‘tener más”); lo más importante es pasar como lo hacen los hampsters, siempre corriendo sin preguntarse nunca hacia donde vamos.

Esta es la tierra de la comida rápida, el café instantáneo y hoy en día usted puede tener incluso iglesias con drive through.

La pregunta es, al correr tanto, tenemos más tiempo para pasar en reflexión o aunque sea solo gozando lo que Dios nos ha dado?

Después de un largo día de trabajo, tiene una o más diligencias que hacer? O tal vez tiene un par de reuniones a las que debe asistir y algo de compras que hacer antes de llegar a casa. Y para cuando llegue allí, puede pasar de la conversación diaria a un diálogo más profundo con la gente que le rodea?

Esta contento con lo que tiene? Esta es la tierra de la abundancia. A cualquier parte que mire, siempre hay más de donde escoger. Mire en cualquier supermercado y verá pasillo tras pasillo, cualquier producto en variedad de versiones y modalidades. Algunas veces hasta es difícil escoger.

Mientras vivimos en la tierra de la sobreabundancia y descontento, donde siempre hay una razón para comprar algo que en realidad no necesitamos; la gente en otros lugares tiene que subsistir sin las cosas mínimas que son verdaderamente necesarias en su vida.

Tal vez la mejor manera de parar la muerte y la miseria en otros países yace en el hecho que tenemos que parar la forma en que consumimos.

Cuántos autos necesita una familia? Cuántas televisiones? Y cuánto alimento almacenamos?

Hace poco en una conversación con Latinos les pedí que pensaran hacia cinco años atrás. Cuántas camisas y pares de zapatos tenían y cuánto habían comprado durante el año 2005. Continúo haciendo la misma pregunta a mí misma y a otros, y ahora la estoy haciendo a todo el que lea este editorial.

Yo no celebro Haloween, en mi caso es una cuestión de creencia, y tampoco me siento en disposición de celebrar un día que no hace honor a los nativos de esta tierra. Ellos lo dieron todo, dieron de sí mismos con bondad y generosidad. Cómo devolvió esa generosidad el descontento de los recién llegados? Hacemos lo mismo hoy en día? Estamos tomando los tesoros, la tierra y los productos de otros pueblos y después les pedimos que celebren la democracia con nosotros?

Después de Acción de Gracias, viene la Navidad. La temporada de los regalos y buenos deseos para todos. Cuál es nuestro presente para el mundo? Compartiremos lo que tenemos sin quitarle a otros? Este tal vez es el mejor regalo que este ‘país cristiano’ puede darle al mundo. ¿ Qué estamos celebrando?